Opinión | A FONDO

Socialdemocracia de nueva generación

Proviene de la tradición republicano-comunitarista, pero ha asumido lo mejor de la liberal-individualista

En estas mismas páginas en una reciente entrevista (domingo 18 de enero de 2023) el president de la Generalitat, Ximo Puig, lo decía: «Me remito a los resultados, todos los indicadores son mejores que en el 2015. Hemos generado un espacio de estabilidad, confianza y credibilidad y por eso han venido las inversiones. Es lo que tiene que hacer un gobierno, intentar generar el mejor entorno para la inversión y, sobre todo, para los proyectos de vida de las personas. Es un modelo socialdemócrata de nueva generación, que está funcionando».

Efectivamente, frente aquellos que lo ponen en cuestión, somos los de siempre: la socialdemocracia. La mayor institucionalización ética que han visto los siglos. El sentido común aplicado a la gestión de lo que es de todos, de lo que es común y público. Un ideal político que a partir de mitad del siglo pasado ha hecho una gran revolución, y la ha hecho, como ahora se estila 'sin'.

Sin épica, sin alharacas, sin masas vociferantes, sin grandes profetas, sin timoneles, sin grandes hombres o mujeres, sin líderes carismáticos, pero una revolución sin sangre, sin muertes, sin violencia, sin represión, sin Auschwitch, sin Gulag, una revolución como de pacotilla, pero tranquila y efectiva.

Ha cambiado el mundo

Una revolución que ha cambiado el mundo. Todos somos sus beneficiarios, al ir al médico (sanidad universal), llevamos nuestros hijos a la escuela (educación pública), tomamos el tren o viajamos por autovías (infraestructuras comunes) o recibimos una prestación (servicios sociales). Alguien con acierto decía que la socialdemocracia es el auténtico esfuerzo revolucionario de la era contemporánea que guarda un espíritu verdaderamente transformador en sus aparentemente sosegadas propuestas.

Y ponía un ejemplo realmente esclarecedor: «La socialdemocracia nunca ha pedido el sol a medianoche, sino una red de alumbrado público eficaz cuando se pone oscuro. Y lo hace frente a quienes dicen que las tinieblas son naturales (la derecha conservadora) y quienes recomiendan apedrear las farolas y exigir que amanezca ya o nada» (los populismos antisistema).

En política hay dos grandes tradiciones: la republicano-comunitarista y la liberal individualista. La primera tiene como origen la polis griega y la otra el estado moderno. Una habla de igualdad social y la otra de libertad individual, de libertad como participación (para o positiva), frente a libertad como independencia (de o negativa), de democracia como participación frente a democracia como protección.

Una concibe el ser humano como social por naturaleza, es la comunidad la que otorga derechos a los individuos, mientras que para la otra el ser humano es un individuo presocial, portador de derechos frente al Estado, por eso para la primera los derechos son posteriores al pacto, mientras que para la segunda los derechos humanos son previos al pacto, naturales e individuales.

Derechos privados

Desde esas diferencias se entiende que para la republicano-comunitarista, la política es un elemento constitutivo de la sociedad y del individuo, campo de autorrealización personal, mientras que para la liberal individualista, la política es el campo de equilibrio de los intereses particulares que debe salvaguardar los derechos privados.

La socialdemocracia proviene de la tradición republicano-comunitarista, pero ha sabido asumir lo mejor de la tradición liberal-individualista, equilibrando la libertad individual con igualdad social, iniciativa privada con justicia social, mercado con Estado. Y ha sabido huir de los peligros a los que nos abocan interpretaciones extremas: el totalitarismo estatal, la primera, y el Estado mínimo e insolidario, la segunda.

La socialdemocracia de nueva generación de la que habla Ximo Puig desde la plena asunción de sus logros e historia se abre al siglo XXI para responder a los nuevos de una sociedad compleja, tecnificada, posindustrial y telemática. Una socialdemocracia de nueva generación que no puede ser solo redistribuidora de rentas, sino que desde la gobernanza y en connivencia con la sociedad ha de tener un papel activo en la gestión económica asentando las oportunidades vitales de sus gentes en la construcción de una ciudadanía ilustrada, crítica y responsable, que más allá de pertenencias esencialistas y prepolíticas, se basa en el derecho y la ley, en el acuerdo y la deliberación democrática.

Presidente de la Diputación de Castellón