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El Periódico Mediterráneo

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Incendio en la Sierra de la Culebra

El último golpe a la Zamora despoblada

Los vecinos de los pueblos afectados por el peor incendio de la historia de España intentan volver a la normalidad con temor al futuro de los negocios, que acusarán la caída del turismo de naturaleza en la comarca

La gente volvía a hacer compras ayer en un pequeño supermercado de Villardeciervos. Araceli Saavedra

El incendio de Zamora, el más grande de la historia de España, con 30.800 hectáreas, tenía a tiro de piedra 237 millones de metros cúbicos de agua, al pie de la Sierra de la Culebra, en los embales concatenados de Cernadilla, Valparaíso y Agavanzal. A ese millonario volumen de agua hay que sumar todas las balsas construidas para extinción, para riego y hasta los bebederos de la fauna. Y ni rastro de los aviones de la base de Rosinos, referencia imprescindible en los incendios de la comarca.

Por escasez de agua no fue el desastre y se mantiene la tensión y las ganas de tratar de volver a la normalidad, una vez que han podido regresar a casa. Con esos datos las críticas vecinales arrecian contra la coordinación y la gestión de la extinción, mientras se intenta retomar algo de normalidad en los pueblos

Un chico de Villanueva lleva comida a los conejos. | Araceli Saavedra

Un chico de Villanueva lleva comida a los conejos. | Araceli Saavedra

Eloína Crespo, de Codesal, reabría este lunes el pequeño negocio familiar, tras un cierre precipitado por desalojo y un regreso “furtivo” para salvar el pueblo y el medio de vida. “El político no tiene problemas porque su casa no se quema, es la nuestra la que va a arder. Ellos no tienen problemas de dinero pero aquí todos los tenemos y tenemos que sobrevivir”. La explotación de ganado vacuno de su hijo se ha salvado porque “la llevó para Porto. Como aquí estaba todo seco, las vacas se subieron a la sierra”.

El género cárnico, almacenado en la cámara, estuvo a punto de echarse a perder por el corte de luz, como consecuencia del incendio “menos mal que vino la luz”. A lo largo de la mañana de ayer recibía la llamada de algún proveedor que echaba en falta el pedido para esta semana, pero que ya barruntaba que era por el incendio. Las ventas van a caer al mismo ritmo que el turismo, igual que en bares, restaurantes y alojamiento.

Carnicería de Eloína, en Codesal.

Carnicería de Eloína, en Codesal. Araceli Saavedra

El pequeño comercio ya prevé que pagará las consecuencias del desastre pero están dispuestos a luchar “y que no se nos considere el culo del mundo, como me soltó un periodista, pero primero somos nosotros los que tenemos que dejar de considerarnos el culo del país”. No ahorra críticas “se piensan que en los pueblos vivimos muy bien de las subvenciones. Es mentira. Ni pides las ayudas por la cantidad de papeles que tienes que presentar”, asegura.

Un cartel prohíbe las colillas en una zona quemada por el incendio.

Un cartel prohíbe las colillas en una zona quemada por el incendio. Araceli Saavedra

En Codesal no olvidan que si se ha salvado el pueblo ha sido por los vecinos de la zona, con voluntarios que incluso se vinieron de Madrid, y por una treintena de bomberos portugueses que trabajaron “como fieras”. En el pasado no muy lejano “todos los vecinos, apagábamos los incendios. Se tocaba la campana a fuego y acudía todo el pueblo”. En una ocasión se declaró un incendio que movilizó a todo el vecindario “y cuando llegó el helicóptero ya lo teníamos apagado”.

La puerta del bar es el punto donde de encuentro del vecindario cuando llega la furgoneta del pan. Uno de los vecinos, ya jubilado, que trabajó “en los retenes y en los helicópteros” se muestra tajante: “que dejen de pagar los 500 euros, paguen 1.000 euros y que trabajen limpiando los montes”. No pocos vecinos han trabajado o trabajan en los retenes. Su experiencia ha valido para precisar cuáles eran los puntos vitales para cortar la entrada de fuego. “Lo tienen todo abandonado pero a nosotros no nos dejan limpiar, desbrozar ni cortar en nuestras propias fincas”.

El último golpe a la Zamora despoblada

El último golpe a la Zamora despoblada

Eladio Alonso y Elisa López salieron de Cional a Madrid el viernes a las 12 de la mañana con la orden de evacuación. Regresaron el domingo y este lunes estaban haciendo la compra en el comercio local de Villardeciervos. Esta familia de Cional se estableció hace tres años en el pueblo, a raíz de la pandemia, “es nuestra segunda residencia pero es casi como la primera. Venimos en abril y nos marchamos en noviembre”. Son clientes habituales del comercio local, tanto de los establecimientos como de los venderos ambulantes de pescado o pan que visitan los pueblos. Unos servicios puerta a puerta que esta familia agradece “porque venir a comprar el pan a cinco kilómetros no se puede todos los días”.

Araceli Saavedra

El pequeño supermercado que regenta Denis Hahn Valiente, en Villardeciervos, empieza a sumar las pérdidas en género. Solo en un palé de fruta recién llegado al establecimiento y que no se pudo bajar a la bodega se han perdió unos 500 euros.

Ese fin de semana Villardeciervos estaba de fiestas, que se suspendieron, y se había hecho un pedido mayor para atender la demanda de esas fechas puntuales. Ese viernes cerraron a las 12 de mañana y guardaron lo más urgente, el género fresco, en las neveras. La fruta estropeada se ha facilitado para alimentación del ganado. Este joven asumió el reto de ser emprendedor y abrió el comercio unos días antes del confinamiento. Los recursos del turismo ambiental, la caza o el turismo de playa están en entredicho en estos momentos.

Un voluntario de Villanueva de Valrojo alimenta a la fauna.

Un voluntario de Villanueva de Valrojo alimenta a la fauna. Araceli Saavedra

Villanueva de Valrojo continúa con su lucha contra el fuego. En estos días algunos jóvenes descendientes del pueblo se dedicaban a suministrar alimento a la colonia de conejos que hay a un par de kilómetros del pueblo que no tienen que comer. En estos días también se dedican a localizar a las crías de corzo que han quedado desamparadas en medio de las zonas quemadas. Agua y unas manchas de pasto y robledal que se han salvado, son un refugio para la fauna. A las tres de la tarde se comenzaba a organizar otro retén vecinal para atajar otra humareda en el horizonte.

Nadie quiere ver imágenes como la de Otero de Bodas, donde dos viviendas se calcinaron. Llaman la atención las dos bombonas de gas butano, almacenadas en fachada de una de las viviendas, y que no explotaron.

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