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OPOSICIÓN DE RIESGO EN FILIPINAS

La jaqueca del presidente Duterte

El senador Antonio Trillanes ha asumido el arriesgado papel de ser la principal figura de la oposición al presidente filipino a quien acusa de haber intentado matarlo a través de los escuadrones de la muerte

 

Antonio Trillanes. - ADRIÁN FONCILLAS

ADRIÁN FONCILLAS
30/12/2017

"La luz es demasiado fuerte para mis ojos, la vista no es muy bonita"… El senador Antonio Trillanes justifica las recias cortinas en su despacho que no permitirá descorrer ni siquiera para las fotos. “La principal razón es la seguridad”, concede al fin. El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ya adelantó meses atrás cómo acabará la historia. “El me destruye a mí o yo le destruyo a él. No hay más”. Trillanes, que ha asumido el arriesgado papel de ser la principal figura de la oposición a Duterte, se conformaría con un 'impeachment' que acorte los seis años de mandato del polémico presidente.

“Tras ganar las elecciones, dio instrucciones a su intermediario con los escuadrones de la muerte para trabajar en el proyecto de matarme. Ese intermediario al final se convirtió en nuestro testigo”, explica Trillanes en referencia al expolicía Arturo Lascañas. Se antoja más fácil la eliminación política. El senador opositor ha relevado en la lucha contra Duterte a la senadora Leila de Lima, neutralizada con unas acusaciones de narcotráfico que la oposición juzga de políticas. La mayoría aplastante de los afines al mandatario en el Tribunal Supremo y en la cámara baja permite los excesos. También ha esparcido infundios como las cuentas millonarias en el extranjero de Trillanes o su aventura sexual con una funcionaria de la agencia contra el lavado de dinero.

El senador es una pertinaz jaqueca de Duterte desde que éste era alcalde de la ciudad sureña de Davao. Su llegada a la presidencia recrudeció una guerra que suma batallas diarias. Trillanes se apuntó esta semana su gran victoria con la dimisión de la vicealcaldía de Davao de Paolo, hijo del presidente, por sus presuntas conexiones con un clan de narcotraficantes chinos. La tensión había alcanzado su cúspide cuando Trillanes pidió a Paolo que desnudara su espalda en la comisión de investigación del Senado para mostrar el dragón tatuado que identifica al clan.

Refinamiento británico

Trillanes es la jaqueca de Duterte no sólo en el fondo. Atildado, de refinamiento británico y camisas planchadas. Sería la fórmula electoral perfecta en otros lugares pero no aquí. Muchos filipinos se ven representados con los exabruptos y las patadas a la diplomacia de Duterte de la misma forma que muchos estadounidenses aplauden a Trump. La última encuesta de Pulse Asia sitúa su respaldo popular en el 80%.

El amor de Filipinas hacia Duterte parece eterno y nace en décadas de políticos corruptos e inútiles que masacraron el país. Trillanes admite una tímida autocrítica por la incapacidad para conectar con las masas pero rápidamente culpa a las 'fake news' para explicar el fenómeno Duterte: sus orígenes humildes, la ejemplar seguridad ciudadana de Davao… Incluso la droga, su principal argumento electoral: “Es un problema serio pero Duterte elevó su importancia hasta convertirlo en el mayor que padece el país para ser requerido como salvador”. Trillanes le acusa de crímenes contra la humanidad y, ante el presunto secuestro de las instituciones democráticas, pide que actúe la justicia internacional.