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La guerra de Siria

El régimen de Asad sigue a lo suyo pese al ataque de Trump

Tras la sangrienta toma de Guta, el Ejército sirio se lanza a la captura de nuevos objetivos. Damasco intensifica los bombardeos sobre un territorio rebelde al norte de Homs

 

Un misil americano cruza el cielo de Damasco, el sábado. - afp / hassan ammar

ADRIÀ ROCHA CUTILLER
16/04/2018

No puede decirse que el régimen de Bashar el Asad parezca muy impresionado por el ataque de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. Tan solo 24 horas después, el Ejército de Damasco ha empezado una campaña de intensos bombardeos sobre una bolsa de territorio rebelde situada al norte de Homs, en el oeste del país. En unas pocas horas –ayer por la mañana–, Damasco lanzó 28 ataques aéreos, según aseguraron los Cascos Blancos, una organización opositora que se dedica al rescate de víctimas atrapadas bajo los escombros.

Y no se quedó ahí. Tras los bombardeos, por la tarde, el Ejército de Asad emprendió con éxito una ofensiva terrestre para conquistar un pequeño pueblo de la zona, al este del enclave rebelde. Los siguientes pasos, dijo Damasco, serán la captura de la zona rural alrededor de la ciudad de Al Rastan, en la carretera que va de Homs a Hama, dos de las mayores ciudades del país, ambas en manos de Asad.

1.600 CIVILES MUERTOS / Se espera, además, que en los próximos días los ataques contra esta y otras zonas opositoras se incrementen. La semana pasada, tras una brutal campaña de cuatro meses, Asad logró conquistar Guta. La ofensiva sobre la región, única en la provincia de Damasco bajo control rebelde, tuvo su coste: 1.600 civiles murieron bajo las bombas de Asad y de su aliado, Rusia.

Con el viento de la guerra claramente a favor y el decisivo apoyo de Rusia e Irán, el régimen sigue a lo suyo, recuperando terreno día a día. Como si el ataque de Trump, May y Macron no se hubiera producido. Está por ver su efecto sobre el uso de armas químicas, la proclamada línea roja. Pero está claro que, en el terreno, no habrá tenido ningún otro.

La ofensiva sobre Guta terminó el pasado día 7 con un ataque químico. Sirvió para que, al fin, la última milicia opositora que quedaba se rindiese. Sirvió también de motivo para el ataque del sábado después de que Occidente culpara a Damasco de su autoría. Ayer, un grupo de investigadores de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) estaba en la zona para averiguar lo ocurrido. Junto con la ONU, esta organización ha investigado los ataques químicos en Siria. Ha habido 33, según afirman: 27 de ellos de responsabilidad probada de Asad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) da por hecho que el ataque químico existió, aunque Rusia sigue asegurando que todo fue un hecho «fabricado por el Reino Unido». Londres, por supuesto, lo niega. «Nuestras relaciones con los rusos son muy malas desde el asunto de Salisbury (el envenenamiento de un exespía ruso protegido por Gran Bretaña). Pero llegados al momento de la acción concreta del ataque en Siria, quisimos dejarles claro qué es lo que queremos y qué es lo que no queremos. Es muy importante, en este momento de malas relaciones, dejar claro nuestro rechazo al uso de armas químicas», declaró ayer el ministro de Asuntos Exteriores británico, Boris Johnson, admitiendo el limitado alcance de la respuesta militar: «No planeamos más ataques por el momento».

MILITARES TURCOS / Tras tomar Guta, el objetivo de Asad es ahora el norte de Homs –la región golpeada ayer–, Idleb (norte) y Daraa (sur). Idleb, como Guta, lleva años sufriendo duros ataques. La diferencia es que en Idleb existen más grupos rebeldes, la zona no está cercada y hay, además, destacamentos de militares turcos.

De hecho, uno de los grupos con más presencia y control en la zona es Hayat Tahrir al Sham, antes conocida como Jabhat al Nusra; o, lo que es lo mismo, Al Qaeda en Siria. También hay otras milicias opositoras, financiadas y armadas por Turquía.

Daraa, en la frontera sur con Jordania, tiene una importancia simbólica enorme: fue aquí donde empezó todo, donde, en el 2011, tras las caídas de Mubarak en Egipto y Ben Alí en Túnez, un grupo de jóvenes escribió en una pared un lema que haría historia: «Es tu turno, doctor» (Asad es oftalmólogo). Su detención y tortura dio inicio a una ola de protestas que, meses más tarde, mutaría en una guerra civil que lleva ya medio millón de muertos a sus espaldas.

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