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Impacta el valor sólido de Perera

Importante actuación del extremeño frente al mejor toro de un conjunto que decepciona por su escaso juego. Juan José Padilla, que pasea un trofeo, siente el calor de un público que le arropa en su última tarde en esta plaza

 

PERERA Y ESTERO. Dos bravos, toro y torero, protagonistas de lo mejor de la tarde de ayer. - FOTOS: JORDI JUÁREZ

VA POR USTED. Padilla brindó a Manuel Colonques, de Porcelanosa. - FOTOS: JORDI JUÁREZ

JORGE CASALS
09/03/2018

La puerta grande de Perera en Las Ventas como colofón de la temporada 2017, supuso la reivindicación de un torero que volvía a apretarse los machos de la dignidad y a poner las cosas en su sitio a pesar del ninguneo del sistema a una carrera independiente y ejemplar. El año pasado avisó de sus intenciones y acarició las tardes de gloria de aquella histórica temporada 2008 en la que el extremeño arrollaba con una firmeza y valor apabullantes en todas las ferias. Ha arrancado este curso arrastrado por esa inercia del triunfo. La manera descarada de intimidar en el festejo de ayer al bravo tercero, de hablarle de tú a tú, de adueñarse de sus terrenos con una naturalidad y serenidad sorprendentes, fue todo un grito de guerra. Perera está aquí, el de siempre.

El tercer toro de la tarde fue un oásis de bravura. El único que, a la postre, tuvo condiciones para hacer el toreo con transmisión en los tendidos. Sonaron algunos vientos de protesta cuando pisó el ruedo. Y es que después de ver al primero, con 640 kilos, las comparaciones no jugaron muy a favor del de García Jiménez. Fue un toro más ligero de carnes, sí. Estrecho de sienes, punto tocado arriba y enseñando la cara, lo que le confería mayor seriedad que su remate. Pero se puso Estero a embestir y las lanzas se tornaron cañas. Lo hizo por abajo, con celo, entregado a la poderosa muleta de Perera, que como es norma en él, exige y exprime a los toros como pocos. Y ahí se pudo ver al Perera en toda su expresión. El asentamiento de plantas, los talones hundidos, la cintura rota, el encaje... y el trazo largo y autoritario. Faena en dos partes de Perera, una primera en la que hubo largura, mando y profundidad; y otra en la que pisó terrenos comprometidos entre los pitones con un arrimón de quitar el hipo, dejándose tocar los muslos. Inteligente su manera de levantar pasiones cuando amainaba la intensidad de la embestida. Labor sólida y de enorme firmeza, coronada con una buena estocada, que le valió pasear la oreja.

Lo intentó sin opciones Miguel Ángel frente al sexto de la corrida, un toro de José Luis Marca deslucido, sin ritmo, de descompuesta embestida y que imposibilitó que el extremeño, que salió con ganas de triunfar, pudiera rematar la tarde. Basó la faena sobre el pitón izquierdo tras dos coladas traicioneras sobre la diestra que a punto estuvieron de acabar en percance. En una de ellas, sufrió un fuerte pisotón en el pie del animal, del que se dolió considerablemente.

ADIÓS a PADILLA / La ovación con la que Castellón recibió a Juan José Padilla tras finalizar el paseíllo fue sincera, unánime y alentadora. De las que llegan al corazón. Muchas emociones juntas en los aplausos del aficionado, que reconocía la trayectoria y la vida de un hombre con una historia de superación ejemplar. Ayer dijo adiós a la plaza de toros de Castellón. El pirata se va. La de 2018 va a ser la temporada de su retirada. Desafortunadamente no tuvo un lote propicio para una despedida acorde y digna. Una oreja, que supo a poco.

El primero de la tarde acusó sus más de 600 kilos de peso. Salió ya muy adormilado y tuvo el mismo comportamiento durante toda la lidia, con una embestida apagada, carente de celo y sin transmisión alguna. Pero Juan José Padilla lo intentó en todo momento y a base de consentir, templar y empapar de muleta al toro, pudo extraer algunas tandas meritorias. Lo mejor, una gran estocada arriba entrando con rectitud, que hizo que el público le pidiera la oreja con fuerza. Dio una vuelta al ruedo.

Salió Padilla espoleado frente al cuarto, al que saludó con un manojo de vibrantes largas cambiadas en el tercio. Puso todo de su parte en el toro de su adiós a Castellón, que tuvo poco fuelle y sosería en su embestida. Destacó en un par de banderillas al violín, antes de iniciar de hinojos una faena de muleta que brindó al empresario Manolo Colonques. Por encima del de Peña de Francia el jerezano, que tuvo que tirar de recursos y efectismos para acabar metiéndose a un público festivo en el bolsillo. El ciclón en estado puro. Mató de otra buena estocada y se le concedió entonces la oreja con fuerte petición del público de la segunda.

BAUTISTA, EL TEMPLE/ Tuvo muy buen son el segundo de la tarde en los primeros tercios pero se desfondó muy pronto en la muleta. Aprovechó Juan Bautista ese buen galope de salida para torear encajado a la verónica y saliéndose a los medios. Bien con el capote el francés, incluso en el galleo para llevar al toro al caballo, que tuvo sabor y torería. Lo sobó primero en la muleta a media altura y sin obligar, pero al toro le faltó fondo y raza, lo que condicionó la faena de Juan Bautista, que eso sí, estuvo templado con el animal. Y poco pudo hacer frente al quinto, de José Luis Marca, un toro con calidad pero sin empuje alguno y al que le costó seguir los engaños. Lo intentó Juan pero resultó imposible el lucimiento. Al igual que en su primero, volvió a manejar bien el capote. Su voluntad fue reconocida con una ovación.

Los tres toreros estuvieron por encima de los toros, cada uno en su línea: el pundonor de Padilla, el temple de Juan Bautista y la solidez de Miguel Ángel Perera.