El exárbitro Juan Ansuategui Roca tiene una idea bastante clara de lo que es el origen del caso Negreira: la idea de "un sinvergüenza que vendió humo a precio de oro" con su supuesta influencia en el colectivo arbitral y "unos idiotas" que compraron esa idea, camuflada por unos informes que eran simples "estadísticas al alcance de cualquiera". Es el retrato demoledor del excolegiado valenciano en una entrevista concedida a La voz de Galicia.

Ansuategui Roca permaneció 14 temporadas en Primera División entre 1988 y 2002 arbitró 225 partidos, solo de Liga. Fue internacional. Conoció a José María Enríquez Negreira (77 años) como árbitro y luego como dirigente del estamento y no tiene una buena opinión de él, ya que no le consideraba "una persona fiable ni seria", sino un "fantasma" que habría sido capaz de prestarse a "chanchullos" como el que le involucra al Barça. Algo más que un chanchullo. Algo que se parece a "una estafa". "A mí me gustaría ver esos informes. Nos iba a dar a todos un ataque de risa", dice.

Ansuategui fue, a su retirada, asesor del Villarreal. Sospecha que Enríquez alardeaba de una influencia que no tenía con algunos árbitros, sobre todo aquellos que cenaban con él cuando visitaban Barcelona. Le cuesta creer, al antiguo colegiado, que pudiera hacer alguna insinuación para favorecer al Barça y mucho menos sobornarles con dinero.

Un paripé

La función real de Enríquez, cuenta, era la de reunirse en entrevistas privadas con los árbitros y "contarte cómo iba tu clasificación en base a los informes que tenía de los partidos que habías arbitrado". Sus apreciaciones eran técnicas. Las decisiones sobre la promoción o la relegación de los árbitros a Segunda no era suya. A Ansuategui le parece "un paripé" la relación con el Barça.

"Me parece increíble que alguien pagara por eso. La información que podía darle Negreira eran estadísticas que estaban a disposición de cualquiera. Creo que un sinvergüenza vendió humo y unos idiotas se lo compraron. Además, a precio de oro, porque no lo pagaban de su bolsillo. Entre Enríquez y algunos empleados del Barcelona montaron la estafa durante años", opina Ansuategui.