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El Periódico Mediterráneo

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Sector agroalimentario

La luz se come al pollo

Las granjas temen dejar de producir tras el verano al no poder asumir el elevado incremento de la factura energética

Pollos en una granja de Fuente Álamo.

La factura energética de las granjas avícolas, que se ha disparado con la ola de calor, amenaza el suministro de pollo después del verano. El encarecimiento de los precios del gas y de la electricidad está llevando a las explotaciones de la Región y del resto de España a una situación límite, que pone en peligro el mantenimiento de la producción de carne, según ha informado el responsable de Ganadería de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), Carlos Esparcia. La organización agraria alerta de que los ganaderos están perdiendo entre 10 y 15 céntimos por cada animal que crían, lo que llevará a muchas granjas a abandonar su actividad si las empresas cárnicas no suben los precios y abocaría al mercado "al desabastecimiento de pollo" a partir de octubre.

Carlos Esparcia ha explicado a La Opinión que el periodo de engorde de un pollo dura unos dos meses. "Si cuando acaben de salir al mercado los animales que hay en las granjas en estos momentos no son sustituidos para iniciar un nuevo ciclo, dentro de dos meses no habrá producción", advierte.

En la Región hay unas 240 o 250 granjas avícolas, que aportan cada año unos 27 o 28 millones de aves, según sus cálculos.

Asegura que, pese al encarecimiento de los costes de producción que ha originado la crisis energética, "la subida de la carne de pollo que se vende en los supermercados y en las grandes superficies no ha llegado a los productores que trabajan para empresas ‘integradoras’".

Las llamadas empresas integradoras son compañías cárnicas que entregan a los ganaderos los pollos para que los críen y se los llevan cuando han alcanzado el peso adecuado. Además de aportar las instalaciones necesarias para el engorde, los avicultores se encargan de cuidar a los animales durante el tiempo que permanecen en su explotación.

UPA sostiene que la factura energética resulta insostenible para las granjas, dado que las explotaciones dedicadas a la cría de aves tienen un elevado consumo de electricidad en verano y de gas en invierno para mantener la temperatura de los recintos que ocupan los animales en todo momento. Según explicó Esparcia, cuando los pollos son pequeños necesitan calor, que se obtiene mediante el gas, mientras que al llegar el buen tiempo necesitan refrigeración, dado el elevado número de animales que se concentra en las explotaciones.

Las pérdidas pueden alcanzar los 3,5 millones en la Región

Las pérdidas que afrontan las granjas avícolas murcianas a consecuencia del aumento de los costes energéticos rondarán los 3,5 millones de euros, según las estimaciones de Carlos Esparcia, responsable de Ganadería de la Unión de Pequeños Agricultores en la Región (UPA). En toda España UPA calcula que las pérdidas llegarán a los 75 millones a final de año si las empresas para las que trabajan «no les pagan más por los pollos" que engordan durante meses.

En este momento se cifran ya en unos 32 millones, teniendo en cuenta el encarecimiento de la factura energética. "La energía eléctrica supone entre el 75% y el 80% de los costes variables de explotación para los avicultores integrados".

También el gas propano, que es el más utilizado, ha pasado de 0,85 a dos euros por kilo. "Una granja media antes gastaba 2.000 euros en propano y ahora ha pasado a gastar 5.000 euros", un coste "insoportable", para los ganaderos. Según explica UPA, "los granjeros están solicitando créditos para hacer frente a sus gastos".

La organización agraria asegura en un comunicado que "se ha reunido con los dirigentes de la patronal avícola y les ha exigido que cumplan la Ley de la Cadena Alimentaria y cubran los costes de producción" de las explotaciones. Sostiene que "un granjero no puede cobrar por un pollo menos de 0,55 o 0,60 euros", aunque están cobrando cantidades inferiores que resultan insuficientes . Esta redacción ha contactado con la organización de empresas cárnicas Avianza para conocer su versión sobre el conflicto, pero no ha recibido contestación.

Además, las olas de calor que se han registrado este año desde el mes de mayo "han disparado el recibo de la luz, que ha llegado a multiplicarse por tres", aunque las empresas para las que trabajan estas granjas no han revisado los precios que pagan al productor que cría y engorda a los animales.

"Por menos de 60 céntimos por pollo se pierde dinero", asegura Esparcia. Añade que los precios abonados por las empresas cárnicas rondan entre 45 o 50 céntimos, por lo que no cubren los costes de producción.

Sin embargo, afirma que los supermercados y las grandes superficies han subido sus precios de la carne que comercializan en sus tiendas en torno a un euro por kilo. "El consumidor ha pasado de pagar entre 2,20 y 2,50 euros por kilo a gastarse entre 3,20 o 3,50 euros", precisa.

"Hay gente que está pensando en parar", asegura, ante las dificultades para seguir costeando las pérdidas que origina el aumento del gasto en refrigeración.

UPA calcula que "los consumidores españoles están pagando un 35% más por el pollo que hace pocos meses. Sin embargo, los granjeros avícolas no están percibiendo apenas nada de ese incremento, por lo que su rentabilidad se ha desplomado, haciendo inviable la supervivencia de las granjas".

La organización alerta de que la situación es "crítica", lo que podría llevar a que en octubre se produzca "un desabastecimiento de pollo a nivel nacional, ante la imposibilidad de hacer frente a los gastos de las granjas".

Carlos Esparcia añade que las explotaciones avícolas han realizado una elevada inversión para mejorar las condiciones en las que se crían los animales e incorporar sistemas de control que garantizan el mantenimiento de la temperatura adecuada en cada momento del día, así como el funcionamiento de los sistema de ventilación o el suministro de comida.

Precisa que "la media de edad es de las más bajas" del sector agrario, dado que ronda los 45 años, a pesar de la falta de relevo generacional. "Mucha gente joven ha realizado inversiones en este sector", señala, aunque la organización agraria critica que muchas de las compañías destinatarias "siguen trabajando sin firmar contratos con los granjeros y sin permitirles cubrir sus costes de producción".

Carlos Esparcia: "Ya no nos acordamos de la pandemia"

"Ya no nos acordamos de la pandemia", se lamenta el responsable de Ganadería de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), Carlos Esparcia, ante la situación que atraviesan los ganaderos de la Región dedicados a la cría de pollos.

Esparcia recuerda "cuando las estanterías de los supermercados se quedaron vacías", porque inicialmente los consumidores temían quedarse sin suministros y arramblaban con los productos que encontraban, hasta que percibieron que el abastecimiento estaba totalmente garantizado.

Tras la crisis provocada por el parón de la economía, en 2021 empezó a producirse una escasez de los suministros procedentes del exterior, que se encarecieron al multiplicarse el precio de los fletes del transporte marítimo. En 2022 la invasión de Ucrania ha bloqueado las exportaciones de grano de este país y también de Rusia, lo que se ha traducido en un incremento de los precios de los cereales y de los piensos destinados a la alimentación de los animales.

Las dificultades de Ucrania para mantener las exportaciones han obligado a buscar proveedores alternativos en otros continentes. "No nos damos cuenta de que depender de terceros países es muy peligroso", advierte Carlos Esparcia. Ante las dificultades que afronta la ganadería, UPA reclama la aplicación de la Ley de la Cadena Alimentaria para asegurar que las explotaciones avícolas no se ven obligadas a trabajar con precios inferiores a laos costes.

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