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Innovación

Ana Maiques: La mujer obsesionada por hacer que la ciencia sea comercial

En Neuroelectrics trabajan intensamente en el desarrollo de terapias novedosas basadas en la estimulación neuronal no invasiva

Ana Maiques, consejera delegada de Neuroelectrics.

Ana Maiques, consejera delegada de Neuroelectrics.

Su tesis doctoral ya versaba sobre la economía social, la integración y la diversidad en las empresas. Desde muy joven, Ana Maiques, cofundadora de Neuroelectrics, destacó por una marcada conciencia social. Luego conoció a su marido, Giulio Ruffini, físico y matemático, y empezar a trabajar con él le permitió darse cuenta de que la combinación de ciencia y empresa era una excelente forma de tener un impacto social, que es lo que ella quería hacer a través de la economía.

Trabajaron juntos en la delegación belga de Starlab, una compañía dedicada a la investigación aeroespacial y neurocientífica que quebró con la caída del Nasdaq y la burbuja de las punto com en el año 2000. En ese momento de crisis decidieron arriesgar. Y con la ayuda de un tercer socio compraron al grupo belga la filial de Barcelona. Se quedaron con todas las patentes que habían desarrollado, reanudaron sus investigaciones y en el 2011 crearon una filial específica en neurociencia, la actual Neuroelectrics.

Maiques, valenciana de 48 años, explica que dedicarse a la neurociencia sin ser científica le permite explicar todo lo que hacen de una forma más sencilla. "Eso ha sido un gran activo para la compañía, ha permitido filtrar la ciencia y la tecnología para que sea accesible a cualquier persona".

No obstante, si se le pregunta por la clave del éxito no vacila: es el resultado de la mezcla perfecta entre la pasión extraordinaria que tiene su marido por investigar cómo funciona el cerebro y la obsesión que tiene ella por conseguir que esa ciencia sea útil en el mercado, "concentro gran parte de los esfuerzos en hacer de comercial de la ciencia". Algo que, a su entender, en muchos entornos científicos falla. "Muchas veces, en el sector, falta alguien que llame a puertas, pregunte qué necesidades existen o cómo se puede mejorar lo que ya se ofrece".

Un diálogo entre lo que se necesita y lo que se investiga en el mundo científico al que ellos llegaron por necesidad porque, como recuerda, tener una empresa te obliga a pagar nóminas cada mes. "El proceso que hay que seguir para que una ciencia que sea realmente transformadora llegue efectivamente al mercado es largo y doloroso", relata Maiques.

En este sentido, revela que cuando empiezas a emprender crees que tener un prototipo que funcione es tener un producto. Nada más lejos de su realidad. "De un buen prototipo a un producto robusto hay un valle de la muerte enorme que nadie te cuenta. Es un proceso duro. Y luego hay que saber venderlo, que es otro reto importante". La compañía que dirige prevé cerrar este ejercicio con una facturación cercana a los 5 millones de dólares.

En Neuroelectrics trabajan intensamente en el desarrollo de terapias novedosas basadas en la estimulación neuronal no invasiva que puedan ayudar a pacientes con epilepsias, depresión o Alzhéimer, que ahora no encuentran mejora en los fármacos que existen en el mercado. La tecnología que han creado va a ser, según Maiques, una revolución para millones de pacientes. "Todo el equipo trabaja duramente para hacer realidad estas nuevas terapias".

Dos estudios clínicos, uno de epilepsia y otro de depresión, se encuentran ya en la última fase para la aprobación del regulador americano -FDA en sus siglas en inglés-. Si salen bien, se convertirán "en la primera compañía del mundo que ha pasado un proceso regulatorio con la FDA para esta tecnología y se podrá ofrecer a millones de pacientes una terapia de electroestimulación que hoy no existe". Sin duda es lo que más ilusión le haría: "Ver como el sueño que iniciamos hace 15 años con mucho trabajo se hace realidad".

De la experiencia americana ha aprendido lo rápido que se mueven para escalar compañías, su competitividad y su ambición

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Con presencia en Barcelona y Boston, y con muchísima actividad en Asia, en Neuroelectrics se definen como una empresa global, que aprende de su crecimiento. "La experiencia americana ha sido muy enriquecedora para toda la compañía. En un ecosistema como el de Boston, uno de los más competitivos del mundo en ciencias de la salud, nos hemos hecho un hueco, hemos demostrado que somos un player serio y hemos conseguido 18 millones de dólares de inversores americanos".

De este sistema, la emprendedora valenciana admira lo rápido que se mueve, lo ambicioso que es y la experiencia que tienen en escalar compañías a gran velocidad. En Europa, en cambio, aunque las cosas estén cambiando, "hay mucho talento pero falta esa velocidad para hacerte grande rápido". "Hace falta más inversión para conseguirlo, no es imposible. El ecosistema europeo -argumenta- está madurando pero América nos lleva mucha ventaja y hay que ir rápido si queremos alcanzarlos".

Con orgullo y optimismo, a Ana Maiques le gusta destacar que es madre de 4 hijos -dos chicos y dos chicas- y que es posible ser emprendedora, tener una gran empresa y formar un gran familia sin sacrificar nada, "no es fácil pero es posible". "Tener un proyecto personal de familia numerosa y un proyecto empresarial de emprendimiento son dos facetas de la vida que, al final, aprendes a combinar", garantiza.

Más mujeres liderando fondos, con acceso al dinero

Cuando en Neuroelectrics iniciaron su primera ronda de inversión, Ana Maiques fue consciente que el acceso al capital riesgo siendo mujer era más complicado. Desde entonces reivindica que hacen falta más mujeres liderando fondos de inversión y que el dinero sea más inclusivo. "Hay que conseguir la llave de la caja porque el talento no tiene sexo ni color ni nacionalidad, está en todas partes. Hay que hacer un esfuerzo por fomentar la diversidad". 

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