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Francia

El declive científico del país de la Ilustración

El fracaso de Sanofi con el covid-19 y la crisis de los submarinos ilustran el retraso de la investigación en Francia

Técnico de laboratorio en París.

Técnico de laboratorio en París.

El país de la Ilustración en pleno declive científico. La investigación científica y universitaria en Francia está inmersa desde hace una década en una tendencia decadente. La incapacidad de Sanofi para desarrollar para este año una vacuna contra el covid-19 resultó una primera advertencia seria. Incluso el gigante farmacéutico francés anunció a finales de septiembre que renunciaba a comercializar la vacuna con ARN mensajero que estaba preparando, aunque sigue trabajando en otra con un método más tradicional. También la reciente crisis de los submarinos, con la pérdida de un macrocontrato militar, fue un golpe duro para los intereses geopolíticos galos, pero también industriales y tecnológicos. 

Estos hechos que hicieron correr ríos de tinta en la prensa no reflejan casos aislados, sino una tendencia de fondo. “Hay un claro declive científico. La investigación francesa se ha quedado estancada, mientras que en Estados Unidos, Alemania, Japón o China no para de crecer”, asegura a El Periódico, diario perteneciente al mismo grupo de comunicación que este medio, Patrick Lemaire, presidente de la Sociedad Francesa de Biología de Desarrollo y cofundador en 2014 del movimiento de protestas Science en marche. Según datos del Observatoire des Sciences et Techniques, vinculado a la administración, en los últimos cinco años Francia ha pasado del sexto al décimo puesto en la clasificación de potencias científicas mundiales. Mientras que en 2005 las publicaciones científicas galas representaban el 4,2% del total en el mundo, ahora solo son el 2,5%

“Otro aspecto preocupante es que cada vez hay menos jóvenes que se dedican a la investigación. El número de doctorandos cayó un 15% en la última década”, lamenta Lemaire. La vocación para investigar cotiza a la baja en el país de Pasteur. ¿El motivo de ello? Las perspectivas profesionales resultan poco esplendorosas en un sector cada vez más precario. La educación universitaria francesa se caracteriza por su singular sistema mixto en que cohabitan las universidades y las grandes écoles (de ingenieros, negocios, etc), muy selectivas para escoger a sus alumnos, pero que dan una menor importancia a la investigación. “Las empresas contratan poco a los doctores y si lo hacen, les pagan menos que a los diplomados de las grandes écoles”, critica Boris Gralak, secretario general del sindicato SNCS-FSU.

“Otro aspecto preocupante es que cada vez hay menos jóvenes que se dedican a la investigación. El número de doctorandos cayó un 15% en la última década”

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Pocos recursos destinados a la ciencia

No obstante, este declive científico se debe sobre todo a la falta de recursos. El gasto público y privado destinado a la ciencia representa el 2,2% del PIB galo, un porcentaje inferior al objetivo del 3% de la Unión Europea y que ha ido disminuyendo desde 2013. El Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) —una de las instituciones de investigación más prestigiosas en Francia— “perdió un 11% de puestos durante la última década”, recuerda Gralak. "En las universidades se mantuvo el mismo número de profesores, pero hay un 15% más de alumnos, por lo que el tiempo para investigar se redujo de manera considerable".

Para paliar esta tendencia decadente, el presidente Emmanuel Macron y su ejecutivo aprobaron a finales del año pasado una nueva ley científica que pretende aumentar en 5.000 millones de euros el gasto científico antes de 2030. “Se trata de un esfuerzo sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial”, defendió a mediados de septiembre la ministra de Universidades, Frédérique Vidal.

Pero los sindicatos y la comunidad científica se muestran bastante más escépticos. Han calculado que con la inflación este aumento podría traducirse en realidad a solo 1.000 millones. "Esta nueva ley no servirá para recuperar el retraso acumulado respecto a otros países", afirma Lemaire, director de investigaciones en el CNRS. Al contrario del tópico (falso) de que Francia es un país anquilosado muy difícil de reformar, las distintas administraciones no pararon de adoptar medidas sobre el sector científico. Pero muchas de ellas resultaron contraproducentes y acentuaron la desconfianza de sus trabajadores.

"Todas las políticas públicas en los últimos 15 años se aplicaron para mejorar la colaboración entre la investigación pública y la privada, pero no se consiguió", asegura el secretario general de SNCS-FSU, quien pone como ejemplo el fracaso de Sanofi en aportar soluciones al coronavirus. La farmacéutica es seguramente la empresa privada francesa que más recursos destina a investigar, pero su desconexión con el sector público hizo que no estuviera al día de los últimos avances con la tecnología del ARN mensajero. Eso favoreció que Francia fuera la única potencia del Consejo de Seguridad de la ONU que no desarrolló su propia vacuna. Un estigma que simboliza el declive científico del país.

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