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El zapatero convertido en especialista para calzar futbolistas

 

El zapatero convertido en especialista para calzar futbolistas -

Salvador Bellés Salvador Bellés
23/04/2016

Ya lo sabe el lector habitual. Cada sábado, un personaje de Castellón que aparece rodeado de otros seres humanos de interés. El de hoy es en apariencia un hombre sencillo, pero en su entorno hay gran número de curiosos detalles. En su hoja de servicios, consta que sirvió a un rey de España cuando era príncipe, su Alteza don Juan Carlos de Barbón, y a un rey del mundo del fútbol, Di Stéfano. Y a ambos desde su profesión de zapatero, que cosa más humilde y sencilla contemplada a primera vista. Y es que el zapatero Vidal era un creador, un artista, un ser humano de muy notable dimensión, con su condición añadida de ‘utillero’ de varios equipos de fútbol a la vez. Y todo eso lo convirtió en muy popular.

El esplendor de su taller abierto al público estuvo en el más antiguo Castellón, en la típica calle Barracas, en otro tiempo la calle trasera de otras viviendas o instituciones de gran empaque, junto a la plaza de Santa Clara, con toda la historia de su convento de monjas, un destacado cuartel militar, el primer instituto de enseñanzas medias y escenario de festejos, ferias del libro y otros hechos culturales y celebraciones magdaleneras de todo tipo.

ACADEMIA MILITAR // En el recuento de su vida en la edad de cumplir el servicio militar, siempre ha recordado con un brillo especial, su etapa de soldado colaborador en la Academia Militar de Zaragoza. En aquellos años cincuenta también allí tuvo ocasión de coincidir con su Alteza Don Juan Carlos de Borbón, cuando era un jovencísimo Príncipe de España. Ya es sabido que entonces España estaba lejos todavía de convertirse en una monarquía parlamentaria. Bien, pues el caso es que, conocidos por sus superiores sus dotes como zapatero y su destreza en el oficio, el soldado José Vidal fue destinado a la sección de ayuda a los miembros de la academia que pretendían adquirir o ampliar sus conocimientos para poder ocupar con solvencia sus posteriores destinos al servicio de la patria. En la academia eran considerados como ‘los cadetes’. Y desde un principio, el castellonense cayó en gracia al joven príncipe y a él acudía en momentos de necesidad de ayuda para el calzado. Cada cadete tenía entonces a su disposición seis pares de calzados: bota alta de paseo, botín de marcha, botín de campo para la instrucción, zapato de vestir, borceguí para su estancia en el cuartel y zapatillas para el baño. Y era normal la permanente asistencia de los soldados como Vidal.

LA VIDA // El artista Vidal es el hijo de los comerciantes en el campo de la zapatería, oriundos de Culla, Francisco Vidal Edo y Antonia Pitarch Barreda que, además de José, tuvieron otros cinco hijos, Elmerinda, Amparo, Antonio, Rosa y Pilar. El tercero de la serie fue José, que nació en Benassal el 27 de abril de 1930. En realidad vivían en masadas situadas en el límite entre Culla y Benassal. Acompañando a mi abuela Paulina G. Vidal yo tuve ocasión de estar presente siendo un niño en las singulares celebraciones de la ‘matanza del cerdo’, donde, además de los profesionales matarifes, había músicos y danzantes y se organizaban originales festejos en los que todos los vecinos del entorno participaban. Recuerdo que, al día siguiente, me sentaban en una gran sala del principal edificio, un mas, junto al fuego que la calentaba y me tocaba, rodeado de casi cuarenta vecinos, leer en voz alta las cartas de los hijos ausentes por el servicio militar y redactar alguna que otra carta de contestación. Todo formaba parte de los festejos de quienes poblaban aquellos singulares massos del Maestrazgo, casi urbanos, entre Culla y Benasal.

En los años cuarenta y siguientes, también en algunos anteriores, aquellas gentes fueron bajando a Castellón y a otras poblaciones cerca del mar.

LA FAMILIA // Los Vidal establecieron su vivienda en Castellón, primero en la calle Obispo Salinas y, pronto, en la calle Mealla, donde los padres comenzaron a trabajar poco a poco en su oficio de zapateros, a cuyo pequeño taller se incorporaba también alguno de los hijos. En mis apuntes, figura que José, de niño, tenía mucha afición al fútbol y jugaba con pelotas de trapo por la calle, acompañado por Ramón Miralles, el del Ayuntamiento, el carpintero Vicente Llorens, Juanjo Reverter y otros. Lo divertido era saltarse las advertencias y regañinas de los guardias de la policía municipal. En la época, tengo noticias de un viaje a Holanda de los Vidal para comprar por casi cinco millones de pesetas, una novísima máquina apropiada para el acabado perfecto en la confección del calzado, botas y zapatos. Al parecer les costó varios años liquidar ese importe que les prestó la Caja de Ahorros. En otro orden, las fichas que me facilita el experto Ximo Alcón, ya me dicen que Vidal se hizo novio de Tica, que es de Alcalà de Xivert, y acabaron casándose, muy enamorados. Ella es Vicenta Vidal Soler, dos años más joven que el novio. El matrimonio tuvo lugar el 28 de diciembre de 1953 en la iglesia arciprestal de Santa María. Tienen una hija, Vicenta, que se casó con el aparejador Ximo Segarra y son padres del ingeniero Joaquín.

LAS BOTAS // Al casarse, José Vidal se independizó y abrió su tienda-taller primero en la calle Barracas y después en la de Isaac Peral. La calidad de sus trabajos, le llevaron también, influenciado por su afición al fútbol, a ser el utillero del CD Castellón. Un día, se convirtió en protagonista de la hazaña de la que la prensa nacional se hizo eco. Y es que confeccionó unas botas al mítico Alfredo di Stéfano, en tiempo en que el argentino era la estrella del Real Madrid. Los madrileños jugaban en Mestalla y le costó un mundo para que le dejaran pasar, primero en el hotel y después en el campo. Al final lo consiguió y Alfredo le atendió con gran cariño, según me cuenta. Le dejó calibrar las características de sus pies en el vestuario y, al cabo de un tiempo, cuando todo estuvo listo, con una motocicleta desde Castellón volvió a Valencia y esta vez con la complicidad de un miembro de la policía armada pudo colarse otra vez en el vestuario en busca del delantero. Alfredo di Stéfano, con toda solemnidad se probó las botas y quedó entusiasmado. Le pagó al chico con fuertes abrazos y una fotografía dedicada, que conserva. También Gento participó en todo ello, admirado por las nuevas botas de artesanía de su compañero. La difusión de la noticia, situó a Vidal en la cima de la popularidad. H