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Las disfunciones en el empleo

La precariedad en el mercado laboral tiene rostro femenino

Las centrales sindicales reivindican mejoras para los oficios de cuidados a las personas. El 13% de los trabajadores en España viven bajo el umbral de la pobreza pese a tener trabajo

 

Concentración en Barcelona de trabajadoras del hogar en protesta contra la precariedad laboral. - JORDI COTRINA

GABRIEL UBIETO
08/10/2019

En España un poco más de uno de cada diez trabajadores, concretamente el 13%, viven bajo el umbral de la pobreza pese a tener un empleo y ganar un sueldo. Con estos registros, España se erige como el tercer país de la Unión Europea (UE), por detrás de Rumanía y Grecia, con mayor porcentaje de pobreza laboral. Así lo constatan los datos recopilados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y puestos encima de la mesa ayer por su director en España, Joaquín Nieto. Y esa realidad afecta con mayor intensidad a las mujeres, marcadas sus jornadas por salarios más bajos, más inestabilidad y más parcialidad no buscada, tal como recordaron CCOO y UGT en el día mundial por un trabajo decente.

Este año las organizaciones sindicales y sociales dedicaron esta efeméride a reivindicar unas mejores condiciones laborales para las profesiones dedicadas al cuidado de las personas, donde las mujeres son las protagonistas más habituales. La falta de inversión pública, la ausencia de un reconocimiento laboral de muchas de estas tareas y la histórica feminización de las mismas son algunas de las causas explicativas en las que coinciden sindicatos y economistas.

FEMINIZACIÓN Y TECNOLOGÍA / «España ocupa el puesto número 13 de la Unión en gasto total en protección social y en el gasto en edad avanzada y el número 15 en gasto por familia e hijos. El empleo en ambas actividades constituye el 4,73% del total de empleos de la UE, pero en España baja al 2,7%», resaltó la vicesecretaria general de UGT, Cristina Antoñanzas. Una línea en la que insistió el secretario general de CCOO, Unai Sordo. «Los cuidados siguen estando feminizados y es necesario que se encarguen los servicios públicos para que las mujeres puedan estar en pie de igualdad con los hombres», afirmó.

La irrupción de las nuevas tecnologías no ha servido para reducir las desigualdades de género al asumir los cuidados y otras tareas históricamente asumidas por las mujeres, según la investigadora del Instituto de Innovación Social de Esade, Liliana Arroyo. «Las plataformas no están revertiendo esa brecha y en algunos casos la están precarizando más», afirmó.

Arroyo insiste en que las nuevas tecnologías lo que han provocado es la aceleración de procesos que antes se producían mediante métodos tan antiguos como el boca-oreja. Con plataformas como Clintu, Cleanzy o MyPoppins un cliente puede contratar los servicios de limpieza de un profesional en cuestión de horas. Pero que las relaciones de poder entre empleador y empleado son las mismas e incluso pueden ir a más, debido al mayor poder adquisitivo que están adquiriendo recientemente los profesionales vinculados a sectores al alza, como la ciberseguridad, la analítica de datos o la programación.

«El cuidado de las personas es un sector que cada vez empleará a más gente y es urgente dignificarlo y dotarlo de mayor formación, protección y reconocimiento», consideró.

La OIT define el trabajo precario como «un medio utilizado por los empleadores para trasladar los riesgos y las responsabilidades a los trabajadores», lo que se traduce en contratos inestables o parcialidad involuntaria. En términos de temporalidad, España es el país de la UE con mayor peso de eventuales, con uno de cada cuatro ocupados. Y, en cuestión de parcialidad, UGT recuerda en su informe que el 61,2% del trabajo a tiempo parcial en España es involuntario, el doble que la media de la UE.

«En Holanda o Dinamarca existen altos niveles de parcialidad, pero deseada, para compaginar la vida laboral con una mejor conciliación», explica el economista de la Universidad de Barcelona Joan Antoni Alujas.

Un concepto conocido como flexiseguridad, es decir, mismos derechos independientemente de la jornada.

«Las jornadas de ocho horas cada vez serán menos frecuentes y habrá que repartirlas, sino podemos encontrarnos con crecientes bolsas de todavía más precariedad», reflexionó Alujas.