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AMNESIA Y MEMORIA

Cuando la indiferencia mata más que los verdugos nazis

La francoalemana Géraldine Schwarz analiza en 'Los amnésicos', a través de las vidas de sus abuelos, la indiferencia y el oportunismo de la población alemana seducida por Hitler

 

Transeúntes indiferentes ante una tienda judía destruida y saqueada en la Alemania nazi. - ARCHIVO

ANNA ABELLA
17/11/2019

En Alemania existe una palabra, Mitläufer, para denominar al grueso de la población que durante el régimen de Hitler, “por indiferencia, apatía, conformismo, oportunismo o ceguera”, se convirtió en cómplice de los crímenes del nazismo. La periodista franco alemana Géraldine Schwarz (1974) incluye a sus abuelos paternos en ese grupo: “Mi abuela no se afilió al partido nazi pero estaba fascinada por el Führer, sentía un amor abstracto por él. Mi abuelo se aprovechó de las medidas antisemitas para comprar a precio de saldo el negocio de un judío que acabó en Auschwitz junto a su familia. Y cuando tras la guerra el único descendiente de este que sobrevivió reclamó a mi abuelo, él no aceptó su responsabilidad. Es sintomático de la sociedad alemana de los años 50: negar los crímenes, cualquier culpa, y la impunidad, pues las instituciones públicas estaban llenas de antiguos nazis y a la justicia no le interesaba remover los crímenes del pasado”.    

Schwarz, cuyos abuelos maternos vivieron en la Francia colaboracionista de Vichy, presentó en Barcelona su ensayo ‘Los amnésicos’ (Tusquets; Premio al Libro Europeo 2018), donde reivindica la memoria y recalca que “el origen de los peores crímenes de la humanidad es la indiferencia colectiva, porque los verdaderos verdugos son unos pocos. La indiferencia mata más que los monstruos”. 

La seducción del fascismo 
No se queda la autora en el pasado sino que proyecta esas sombras al peligro de los totalitarismos y populismos de hoy -Trump, Bolsonaro, Salvini, Orbán, Vox…-, que asocian “empatía a debilidad y odio a valor”. “Ese mismo conformismo nos amenaza ahora ante el intento de la extrema derecha, y también de la extrema izquierda, de invertir la moral, en lo que el nazismo era muy bueno. Lo que ayer estaba bien hoy es malo, lo que ayer estaba mal hoy está bien. Mi abuelo y muchos alemanes fueron oportunistas porque les hicieron creer que eso era legal. Con mentiras la gente pierde sus puntos de referencia y es más fácil de manipular: cambias el sentido de la palabra libertad y la llenas de odio e intolerancia y conviertes la democracia en la democracia de un grupo que reivindica que representa al pueblo auténtico”. 


Géraldine Schwarz, durante su paso por Barcelona / MANU MITRU

No cree que sus abuelos sintieran culpa alguna, aunque su abuela acabó suicidándose y eso indica “el peso que llevaba”. “La mayoría de alemanes fue favorable a los juicios de Núremberg porque eso reducía los culpables a unas docenas de personas y limpiaba de culpa al resto de la sociedad”. A él no lo conoció, a ella muy poco, pero constata que “vivieron el sueño del nacionalsocialismo”. “El fascismo seduce y es sexi. Yo misma no sé si de vivir en aquella época me hubiera resistido a esa seducción, por ejemplo, ante las subyugantes escenografías del cine de Leni Riefenstahl”. Por ello, para inmunizarnos contra esa hipnosis, añade, “el Tercer Reich debería ser objeto de estudio universal. ¿Por qué una sociedad moderna, rica y cultivada cayó en la barbarie? Hay que conocer al enemigo”. 

Y eso es imposible, insiste, sin un trabajo de memoria. “En Alemania Occidental tardó 20 años y lo hizo la siguiente generación, la de mi padre, que preguntó a sus padres qué hicieron durante el Tercer Reich. Y se hizo bien porque en vez de hablar solo de víctimas, verdugos y héroes se habló de responsabilidad personal y colectiva de la población y se nos ha educado para aprender de los errores de la historia”. 

España y Franco
En cambio, añade, no se hizo bien en Italia, Austria, Francia y menos en España con Franco. “En España, la memoria está mal cerrada y eso está trayendo derivas de ultraderecha. Y la amnesia se ha mantenido tanto tiempo que ha alimentado mucho resentimiento y se está expresando en la radicalización del movimiento independentista en Cataluña, que favorece el juego de la extrema derecha. En Alemania una pequeña parte de la nueva generación también se radicalizó y cayó en el terrorismo de extrema izquierda”, recuerda. 

También analiza Schwarz la amnesia de Francia sobre los crímenes de Vichy. “Se construyó un mito resistencialista alimentado por De Gaulle tras la liberación, que puso al país entre los vencedores. Predominaba la idea de que era mejor olvidar para que la sociedad avanzara, igual que aquí con Franco, no existía el trabajo de memoria, no se reconocían los errores. Pero en los 70 el historiador estadounidense Robert Paxton desveló que la mayoría de franceses apoyaron a Vichy y que la resistencia activa fue una minoría [el 2% de la población]”.       

Y vuelve a su familia. “Mi padre se enfrentó a mi abuelo por lo que hizo en la guerra, pero mi madre, francesa, nunca preguntó al suyo por ello a pesar de que él era gendarme y vivían cerca del campo de Drancy, de donde salían convoyes para Auschwitz. Por su trabajo tuvo que vigilar a gente que podía pasar clandestinamente. ¿A cuántos detuvo? ¿Cerró los ojos? No lo sé, quiero pensar que sí porque era de izquierdas. Creció en un entorno muy pobre y ser funcionario, un trabajo estable y seguro. No era un héroe para dejarlo o para impedir un convoy de deportados”. Lo importante, alerta, es “no llegar a esa situación en que es tan difícil decir ‘no’”. “Lo que sí es posible es impedir que un régimen o un partido populista o extremista llegue al poder, porque una vez lo tengan cerrarán la puerta a la democracia y las libertades individuales”. 

Tres novedades de la memoria del Holocausto 
Este otoño ha llegado poblado de libros sobre la memoria de los horrores nazis. Además del estudio de Herwig Czech, que en 'Hans Asperger. Autismo y Tercer Reich' (NED) prueba la colaboración con el programa de eutanasia infantil del régimen de Hitler del pediatra austriaco que dio nombre al síndrome del autismo, destacan otras tres novedades: 


'16 DE OCTUBRE DE 1943'. Giacomo Debenedetti (Las afueras). De familia judía, el intelectual Giacomo Debenedetti se escondió durante la ocupación nazi en un pueblo de la Toscana. Esta breve crónica, donde relata la destrucción del gueto de Roma y la deportación de los judíos a los campos de exterminio, es la primera memoria escrita del Holocausto en Italia, redactada y publicado originalmente en 1944, y traducido ahora por primera vez al castellano. Con prólogo de Natalia Ginzburg, que formó parte de su círculo cercano, incluye el texto, más reflexivo, Ocho judíos.


AUSCHWITZ ÚLTIMA PARADA. Eddy de wind. (Espasa / Columna). Nacido en la Viena de 1926 de familia judía, quien fue historiador de referencia del exterminio nazi logró huir a Estados Unidos en 1939. Hilberg participó en la liberación de Dachau y, tras la guerra, halló parte de la biblioteca de Hitler y accedió a los archivos del Tercer Reich para escribir títulos tan influyentes como ‘La destrucción de los judíos europeos’. Este es el testimonio autobiográfico de quien habló del Holocausto cuando todavía nadie quería hacerlo.


MEMORIAS DE UN HISTORIADOR DEL HOLOCAUSTO. Raul Hilberg (Arpa). Eddy de Wind (1916- 1987) fue un psiquiatra judío neerlandés que junto a su esposa fue deportado a Auschwitz en 1943. Allí logró escribir una novela que en realidad era su propia vida en el campo, describiendo los horrores que veía a diario. Logró sobrevivir y publicó su relato en 1946 en una pequeña tirada que cayó en el olvido: la sociedad quería pasar página de la guerra. En 1980 volvió a publicarlo pero la editorial quebró y el libro desapareció. Hasta ahora, lanzado por su hijo en 20 países.