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Espectáculos

 

"Velázquez no era solo un pintor: era como un arquitecto de interiores"

El profesor del departamento de Historia del Arte de la Universidad Complutense, Miguel Hermoso, ha participado en el Congreso internacional "Los artistas como coleccionistas"

 

Miguel Hermoso, profesor del departamento de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid. - JOSE LUIS ROCA

F. TORRE / MADRID (Faro de Vigo)
25/01/2020

Miguel Hermoso, profesor del departamento de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, impartió en el congreso internacional "Los artistas como coleccionistas: modelos y variantes. Desde la Edad Moderna al siglo XIX", organizado por el Instituto Moll-Centro de Investigación de Pintura Flamenca y la Fundación Universitaria Española, la conferencia "El pintor en el museo. Velázquez y la colección real".

-¿Hasta qué punto contaba Velázquez con la confianza de Felipe IV para adquirir obra?
 
-Siempre hemos considerado a Velázquez como pintor y no como artista en sentido global: no solo como alguien que coge los pinceles y aplica color sobre un lienzo, sino alguien que piensa sobre todas las manifestaciones artísticas de su época. Creo que Velázquez llegó a conocer tan bien a Felipe IV y su gusto, que todo lo que compraba Velázquez contaba con la aprobación del rey, que lo integraba en los espacios emblemáticos de palacios reales.

-¿A qué se refiere al definir a Velázquez como "artista en sentido global"?

-Creo que Velázquez, gracias al conocimiento que tiene de la obra de Rubens, de su faceta como coleccionista, como marchante y como aficionado a la arquitectura; y cuando conozca las obras de Bernini en Roma, Velázquez descubrirá que un artista no tiene que limitarse a ser escultor o pintor o arquitecto, sino que puede integrar todas las artes en una sola. Bernini supeditaba todas las artes a la arquitectura, y Velázquez retoma esa idea pero aplicándola a la pintura, para que potencie a las otras artes y que domine la visión del espectador. Es un poco la idea que subyace en "Las Meninas", que es un cuadro con un marco arquitectónico real, con gente real colocada en poses de esculturas clásicas, pero que evidentemente es una enorme pintura y una obra maestra que integra a todas las demás artes.

-En este sentido también se puede entender su labor como aposentador, como decorador de los palacios del rey, ¿no?

-Ahí subyace un debate encendido que se inició ya a finales del siglo XVII: si se debe considerar a Velázquez como arquitecto o no. Obviamente, los historiadores de la arquitectura dicen que no, porque no sabía poner un ladrillo encima de otro; pero para los historiadores de la pintura sí que lo es, porque sus diseños cambian la percepción de los espacios para el espectador. Sería como un arquitecto de interiores: no construye paredes, pero puede hacer cambiar la perspectiva de los interiores. Lo que va a hacer Velázquez es aprovechar las obras de la colección real, con las incorporaciones que va haciendo en sus viajes a Italia y con otras adquisiciones, para cambiar radicalmente el interior. Primero en el Alcázar de Madrid, creando una sucesión de salas con mensaje iconográfico que se ha negado muchas veces pero que creo que existe.

-¿Como en el Salón de Reinos?

-Eso es. Creo que aquí está sucediendo lo mismo, pero los historiadores no nos hemos dando cuenta todavía. Hay una integración de todas las artes en la cual el conjunto pesa más que la suma de sus partes. Y también lo hará en El Escorial: cambiará la decoración de la sacristía y de las salas capitulares, creando una galería de pinturas a la italiana. Era algo absolutamente radical, el primer cambio en El Escorial desde los tiempos de Felipe II. Porque a Felipe IV el arte que le interesaba no era el flamenco del siglo XV sino el italiano del XVI y sus herederos, que son Rubens y Velázquez. Era una declaración de intenciones, y abrió la puerta a que se sigan haciendo cambios en el reinado de Carlos II.

-¿Tenía Velázquez una colección personal, como Rubens?

-No, no tenía el poder adquisitivo para tener la colección que hubiera querido, a diferencia de Rubens que sí tuvo esa posibilidad pero es porque venía de una familia noble. Pero vivía en el Alcázar: podía pasear por las salas y contemplar esos cuadros, y recordar cuando los había descubierto por primera vez. El precio del gran arte siempre ha sido carísimo, y por eso también es un síntoma de prestigio. La colección del rey de España tenía cosas que ningún otro monarca del mundo podía tener, porque no lo podía pagar.