+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Mediterráneo:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

TENSIÓN EN ASIA

Pionyang solo permitirá reencuentros familiares si Seúl le entrega desertores

A pesar de que las Olimpidas de Invierno han acercado a Corea del Norte y Corea del Sur, las tensiones entre ambos países se mantienen entre otras razones por las 12 camareras que huyeron en el 2016 del régimen comunista

 

Manifestantes surcoreanos sostienen una pancarta que exige negociaciones de paz con Corea del Norte durante una protesta en Seúl. - EFE / JEON HEON-KYUN

ADRIAN FONCILLAS
16/01/2018

No habrá más reuniones entre familiares separados por la guerra si Seúl no devuelve a la docena de camareras que desertaron dos años atrás. El chantaje subraya que el diálogo con Pionyang es siempre árido y exigente. El deshielo decretado en la península ha vuelto a sentar sobre una mesa a Seúl y Pionyang para discutir sobre la participación olímpica y otros asuntos más enjundiosos.

Corea del Norte va a lustrar el evento con una delegación elefantiásica: tropas de animadoras, una orquesta sinfónica de 140 músicos, su célebre grupo pop de jovencitas en minifalda, funcionarios, observadores, artistas e incluso un par de deportistas. Pionyang no enviaba a tanta gente al sur desde la guerra. Hay conversaciones avanzadas sobre el desfile bajo una sola bandera y un equipo femenino de hockey conjunto. Lo relacionado con los Juegos Olímpicos ofrece resultados espléndidos, con el único escollo de quién pagará la factura de esa delegación.

Pero el camino se torna pedregoso cuando Seúl abre el foco a cuestiones extradeportivas. Pionyang ha pedido ya que Seúl devuelva a los desertores, que acalle a su prensa más beligerante, que cancele por siempre las maniobras militares conjuntas con Washington  y que se aleje de Donald Trump. Sólo lo último es razonable porque el presidente estadounidense se ha demostrado tan tóxico para la paz en la península como Kim Jong-un. Pero también en eso es quimérico que transija Moon jae-in, presidente surcoreano. El tiempo dirá si Corea del Norte está en esa lógica negociadora de pedir los máximos para conseguir los mínimos o saboteando el proceso, como temían los escépticos.

Momento sensible

La exigencia de los desertores ha arruinado el clima, certifican fuentes cercanas citadas por medios surcoreanos. El equipo de negociadores de Seúl no ha confirmado que suponga el final de la esperanza a los ancianos que ansían ver a los familiares separados desde la guerra (1950-1953) antes de morir. “Es un momento muy sensible para contestar esa pregunta”, han confirmado.

Pionyang quiere la repatriación de la docena de camareras y el manager que escaparon de un restaurante norcoreano en la ciudad china de Ningbo en 2016 y volaron hacia Seúl. También la de Kim Ryon-hui, una confundida mujer que huyó en 2011. Relató su historia en una entrevista a la CNN: escapó a China para tratarse de una enfermedad de hígado, después viajó a Seúl para ganar dinero y, cuando quiso regresar a su patria, supo que la ley surcoreana prohíbe cruzar la frontera.

Seúl y Pionyang suelen silenciar las deserciones. La primera, para no poner en peligro la vida de los familiares dejados atrás; la segunda, para no admitir el fracaso. Las deserciones individuales forman parte del paisaje de la península pero son más extrañas las aventuras colectivas. Probablemente por eso quedó esa docena de camareras atrapada entre el fragor propagandístico. El Gobierno conservador de Seúl las colocó frente a las cámaras para subrayar su mensaje de dureza en las vísperas de unas elecciones parlamentarias y Pionyang sacó a la televisión nacional a los padres de una fugada pidiendo su regreso entre sollozos.

Servicio de espionaje

Corea del Norte defiende que las camareras fueron secuestradas por los servicios de espionaje surcoreanos y que el manager las engañó para desertar. Tanto el manager como aquella mujer del hígado enfermo están bajo estrecha vigilancia y han sido sometidos a interrogatorios más rigurosos y largos que el resto de desertores para descartar que sean espías norcoreanos con la misión de asesinar elementos hostiles. No sería la primera vez que Pionyang manda a un agente camuflado de desertor.

Corea del Sur defiende que todos escaparon tras ver series televisivas surcoreanas y concluir que el cuadro de corrupción y degeneración descrito por la propaganda no era cierto. La devolución no es negociable, insiste.

Más de 30.000 norcoreanos (mujeres en un 71%) han huido de la pobreza y la represión hasta el sur. No es seguro que Seúl monopolice la razón en el caso que nos ocupa. En un informe sobre la situación de los derechos humanos en Corea del Norte presentado en septiembre en la Asamblea General de la ONU, el ponente admitía que algunas de las mujeres podían no haber estado de acuerdo en la deserción.