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Opinión

 

Tras el paso de la borrasca ‘Gloria’

 

Tras unos días de alerta máxima en buena pate del territorio español a causa del paso de la borrasca Gloria, llega el momento de los análisis y la reflexión. Y también del balance de daños causados por este inusual y furioso temporal que ha azotado la costa mediterránea y buena parte de las cuencas de sus principales ríos. Antes que nada hay que lamentar la muerte de al menos 13 personas y, seguidamente, las afectaciones en muchos casos dramáticas en diversos puntos.

Se han visto afectadas varias autonomías del Este español y entre ellas, cómo no, la Comunitat Valenciana, y por extensión la provincia de Castellón, donde la mayor parte de las localidades costeras llevan ya un par de días inmersas en las labores de limpieza, que en algunos lugares tardará unas tantas jornadas más en terminarse. Han sido muchos los desperfectos y luego tendrán que realizarse las reparaciones. Las diferentes poblaciones están comenzando a hacer un balance de las pérdidas, que entre varias localidades del sur de la provincia, como Almenara, Moncofa y Almassora ascienden a 2,2 millones de euros. A estos hay que añadir las circunstancias personales de los afectados: desde la anulación de la actividad escolar hasta pérdidas económicas de gran calibre: de viviendas a negocios o explotaciones agrícolas (la Unió hizo un balance de 3,6 millones para el campo) y pesqueras.

Ximo Puig ha solicitado que el Gobierno central actúe con celeridad. Y el president de la Generalitat valenciana podrá pedirlo hoy personalmente a Pedro Sánchez, que tiene previsto viajar a la provincia. Concretamente acudirá a las localidades de Peñíscola y Benicarló para observar de primera mano los daños.

Ciertamente, la prioridad estriba ahora en recuperar cuanto antes la normalidad en el transporte, la circulación y las infraestructuras y en actuar de manera decidida para paliar los perjuicios entre los afectados, a través de la declaración de zona catastrófica y de las ayudas que puedan revitalizar el pulso social y productivo.

Pero a estas alturas ya puede hacerse no solamente un balance de la situación, sino que también debe llevarse a cabo una revisión de cómo nos enfrentamos a la emergencia climática, a las condiciones metereológicas extremas que serán cada día menos excepcionales. Una reflexión que debe hacernos replantear la concepción misma del territorio y de la gestión que se lleva a cabo en él. Conviene destacar, en principio, la acertada labor de protección civil en este dramático episodio de emergencia general, con múltiples frentes a cubrir y, al mismo tiempo, es preciso también preguntarse por determinadas acciones que requieren de una investigación detallada.

Recuperación y reestructuración, acciones inmediatas y previsiones a medio y largo plazo, con criterios que primen el respeto ambiental, minimizando al máximo el riesgo y escuchando a la naturaleza.

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