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Opinión

 

Pierre Méchain y Leocadio Chornet

 

Salvador Bellés Salvador Bellés
03/08/2016

El mágico Lorenzo Ramírez que vive conmigo cada día esta página, con sus tan originales y sugerentes dibujos, es quien me ha obligado a volver a consultar el índice de mi último libro, del que hablaba ayer, para contemplar la cercanía del astrónomo Méchacin con el topógrafo Leocadio Chornet, tan cercanos en sus temas el uno del otro y tan volcado Chornet en su amor a Benicàssim, aunque hubiera nacido en Lucena del Cid. A Chornet le obsesionaba el meridiano de Greenwich y quería que creáramos en Castellón la avenida del Paralelo 40 y, consecuentemente, la del Meridiano de Greenwich, que todo forma parte de Pierre Méchain, nuestro personaje de ayer y de hoy, que en realidad ya vino en su busca en 1800. Yo apoyé a Leocadio mientras pude desde mi despacho de asesor cultural del Ayuntamiento de Castellón, pero no tuvimos demasiado éxito. Puede que el trabajo de Méchain ya se diera por concluido, cuando aquí falleció en 1804 a consecuencia de lo que se llama fiebre amarilla.

Aunque nació en Francia, como ya dije ayer, el destino de Méchain estaba en España, especialmente en Castellón. Una breve estancia en Barcelona mientras venía haciendo observaciones, le sorprendió una pequeña desviación de tres segundos en sus mediciones, sobre unos datos iniciales. Por cierto, en un rincón del puerto barcelonés, hay también una placa que recuerda a modo de homenaje a Méchain, como ya se le recuerda en el Paseo de Ribalta de Castellón, en un recién colocado grupo escultórico en su andén central, como digo en mi último libro.

Aquí intentaba situar y fijar el meridiano cero, como le habían insinuado nuestro Fausto Vallés y Francisco Aragó. Pero mientras construyo cada día mis torres de arena a la orilla del mar, algún que otro día observo, aunque en sueños, las correrías de los científicos, allá detrás de nosotros en torno al monte Bartolo, buscando la perfección, que allí se puede encontrar, un nuevo patrón de medición, como es nada menos que el metro. Les tuvo muy ocupados la diferencia, o no, entre el valor geodésico y el valor astronómico, tierra y cielo, que también en todo tiempo han tenido ocupados a los poetas y soñadores, además de a los científicos. Los actuales nos han hecho llegar, sin perder de vista, los descubrimientos en las montañas que rodean el Desierto y Benicàssim, la definición del metro, definición siguiente como saben los que veranean en la playa de la Almadraba: es la diezmillonésima parte del cuadrante del Meridiano Terrestre. Eso ya pudieron describirlo aquí bajo nuestro cielo azul, Pierre Méchain, Leocadio Chornet y tantos científicos que no han llegado a saber el valor de ir descubriendo cada día el humo de los barcos. En cambio, otros dicen que el valor del metro se cifra en 1.650.763’73 longitudes de onda. Lo cierto es que, como está escrito, Pierre Méchain está enterrado en Castellón en el antiguo cementerio del Calvario, sobre el que se levantó el Paseo de Ribalta, con su Font del Piliuet. H