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Opinión

 

El director opina

El revuelto futuro político en la Comunitat

 

José Luis Valencia José Luis Valencia
21/05/2017

Hoy los socialistas se abren en canal y dirimen su futuro. Muchos dicen que incluso el futuro político de nuetro país para los próximos años porque las primarias del PSOE van a determinar, no solo un liderazgo, sino la naturaleza misma de uno de los partidos sistémicos que han guiado a este país por la senda de la democracia desde el fin del franquismo y el inicio de la Transición y otras muchas cosas más. Entre ellas, su papel en la coyuntura de la pluralidad parlamentaria surgida de las dos últimas elecciones generales con el gobierno del PP en minoría, con los Presupuestos Generales aún sin aprobar, con una moción de censura de Podemos dirigida virtualmente contra Rajoy, pero con el objetivo real de erosionar la moral y dividir a los propios socialistas, con la gran incógnita de su acción política y parlamentaria si gana Pedro Sánchez, con el abismo de la división en ciernes en función de los pasos siguientes a partir de mañana, 22 de mayo, y en función de cuál de los dos candidatos principales sea el vencedor... y también con las incógnitas de las repercusiones orgánicas e internas autonómicas, provinciales y locales a partir de mañana mismo.

Nunca el PSOE se había enfrentado a unas primarias tan guerracivilistas como estas ni al riesgo que podría suponer un cierre en falso de las mismas, amén de todas las heridas que pueden abrirse o que ya están abiertas.

En este contexto, la Comunitat Valenciana no se queda atrás. El aparato del PSPV, con Ximo Puig a la cabeza, ha apostado por Susana Díaz. Sin embargo, la etapa de avales se saldó con mayoría para Pedro Sánchez. Y aunque desde todas las partes, también por parte de los partidarios minoritarios de Patxi López, se ha reiterado que este proceso de primarias y el que después seguirá en la federación socialista valenciana son distintos, no son comparables ni influenciables. Nadie duda de que las consecuencias del primero repercutirán de una u otra manera en el segundo. Y en función de los resultados (si gana Sánchez) el todos con Ximo inapelable puede correr el peligro de que no sea tan unánime, máxime si desde Ferraz se alimentan alternativas, de pacto o incluso radicales. En este tipo de procesos nunca se sabe.

Argumentos hay para todas las posibilidades, máxime si tenemos en cuenta, por ejemplo, la situación de la provincia de Castellón, donde el proceso de primarias ha evidenciado las tres corrientes para cada uno de los candidatos, pero también muchos cuadros y militantes que no han visibilizado sus apoyos por ninguno, precisamente por la implicación ulterior que eso podría suponer.

Sea como fuere, el proceso socialista trasciende también en la Comunitat Valenciana al propio partido porque, al igual que en España, puede tener en el futuro repercusiones en la gobernanza, máxime si tenemos en cuenta la situación de otras formaciones. En este caso, Podemos.

PODEMOS Y COMPROMÍS

La formación morada, que no participa directamente del gobierno autonómico (aunque sí como apoyo parlamentario) ni de gobiernos municipales (aunque sí sus confluencias), dirime también este domingo su futura dirección en la Comunitat. Han logrado, quizá demasiado justamente, el mínimo 20% de participación telemática y, por tanto, validarán los resultados obtenidos.

Y una vez superado este escollo las tres candidaturas se enfrentan a dos opciones, principalmente. La elección de una dirección y, por ende, una política continuista con la impronta autonomista, propia e independiente de Madrid, o a una política dependiente de la verticalidad nacional de Pablo Iglesias. Dos opciones que en función de los resultados podrán determinar sobremanera su participación o no en la gobernabilidad del Consell de la Generalitat, bien si expresan su intención de participar directamente del gobierno o si cambian reglas del Pacte del Botànic firmado por el defenestrado Montiel junto a Puig (PSPV) y Oltra. Lo que sí parece claro es que seguir como hasta ahora no lo van a hacer, menos aún teniendo en cuenta que entramos en los dos últimos años de legislatura y las sucesivas encuestas reflejan unánimemente pérdidas continuadas de apoyo electoral.

Unas circunstancias, las encuestas, que traen de cabeza también a Compromís ya que, tras verse felices y optimistas después de conocer una propia encargada por la misma formación, filtrada de forma personalista pero no públicada, que les situaba casi como principal fuerza política valenciana, han visto cómo otras recientemente publicadas por rotativos valencianos no decían lo mismo. Más bien al contrario, les seguían situando muy lejos del PP y por detrás del PSPV, que incrementaba apoyos.

EL PP Y SU BLOQUE ENDOGÁMICO

Y aunque su papel no influye en la gobernabilidad como las otras tres fuerzas de izquierda, el PP y Ciudadanos siguen transitando su particular travesía del desierto. La formación de Rivera, dependiente de forma absoluta de los arbitrios de su líder, ha resuelto su particular crisis apartando al díscolo Marí de la dirección en les Corts y se afanan ahora por intentar protagonizar acciones que les permitan levantar cabeza en su particular tierra de nadie. Sin apenas espacio político que jugar, se conforman con regalarse los oídos con los incrementos puntuales que les dan los sondeos de opinión como consecuendia de los trasvases desde el PP cada vez que se mediatiza un caso de corrupción. Los deberes de conformar partido y hacer cuajar a sus actuales representantes políticos, entre ellos especialmente los de Castellón, los están dejando, por lo visto, para más adelante.

Y por último, el PPCV, que no vive en sí entre caso y caso de corrupción (los restos judiciales aquí, en la Comunitat, y los nuevos que les vienen de la meseta madrileña) y entre los tiras y aflojas entre Madrid y la dirección valenciana de Isabel Bonig por el lío orgánico del PP de la provincia de Valencia. Una Bonig que hasta que no dé un puñetazo en la mesa de su independencia frente a Génova, no podrá controlar el partido. Las encuestas le siguen ubicando como primera fuerza política en la Comunitat, con tendencia al alza salvo los dientes de sierra producto de la corrupción y por encima siempre de la media de apoyos al PP nacional. Pero el bloque de centro derecha que forma con Ciudadanos no aumenta. Sus incrementos también son producto del trasvase mutuo.

El PP, por tanto, deberá solucionar su problema en Valencia, primero el de su liderazgo provincial y luego el de su refundación municipal en la capital. Su lideresa entonces podrá tener consistencia orgánica, independencia con Madrid y credibilidad en su labor parlamentaria en les Corts. Y su partido aspiraciones a salir de ese bloque endogámico. Si no, no.

*Director del Periódico Mediterráneo