Durante esta semana se ha producido en Biarritz (Francia) la 45ª Cumbre del G-7 compuesta por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido. Hasta el 2014, el G-7 era en realidad un G-8, ya que Rusia era uno de sus integrantes, pero fue excluida tras anexionarse la región de Crimea, que pertenecía a Ucrania. La cumbre ha dejado momentos imperdibles, pero ninguno como el del presidente de EEUU, Donald Trump, un día antes del comienzo, cuando afirmó ser el elegido para hacer frente a China en materia comercial, mientras alzaba su cabeza y miraba al cielo.

El síndrome de Hubris o síndrome del vencedor tiene unos síntomas fácilmente reconocibles, entre los que destaca una exagerada confianza en sí mismo, el desprecio por los consejos de los demás y el alejamiento progresivo de la realidad, siendo un trastorno común entre los gobernantes y líderes políticos. Hubris procede del griego y significa orgullo, jactancia o arrogancia, en definitiva borrachera de poder.

Llega un momento en que quienes gobiernan dejan de escuchar, se vuelven imprudentes y toman decisiones por su cuenta, sin consultar, porque piensan que sus ideas son las correctas al creer que son los elegidos. Es más, aunque finalmente se demuestren sus errores, nunca reconocerán una equivocación y seguirán pensando en su buen hacer.

Los individuos que lo padecen suelen ocupar cargos políticos, pues las personas que alcanzan puestos privilegiados en otros entornos, acostumbran a hacerlo por su valía, por sus méritos y por su inteligencia, y no por la suerte, la influencia o la oportunidad del político de turno. En contraposición a Hubris, está Némesis, diosa de la justicia y la venganza, que devuelve a la persona de golpe a la realidad, a través del fracaso.

*Psicólogo clínico

(www.carloshidalgo.es)