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hallazgo astronómico

El observatorio de la Pobla Tornesa capta la explosión de una supernova

La liberación de energía que se produce podría extinguir la vida en La Tierra. El nuevo astro descubierto forma parte de la Galaxia de los Fuegos Artificiales

 

La galaxia NGC6946 (Galaxia de los Fuegos Artificiales) con la nueva supernova (izquierda) la pasada noche del jueves, y antes de la explosión (derecha). - PERIS

GERMÁN PERIS
21/05/2017

La noche del pasado 14 de mayo P. Wiggins (Utah, Estados Unidos) descubrió un nuevo punto en una de las galaxias que estaba observando. Todo parecía indicar que se trataba de una supernova, pero, en esta ocasión, no estaba observando una galaxia cualquiera: estaba observando la galaxia espiral NGC6946, a nada menos que 22 millones de años luz de nuestra Vía Láctea.

La galaxia NGC6946 tiene unas siglas poco atractivas; sin embargo, si se le llama tal y como la conocen los científicos --Galaxia de los Fuegos Artificiales (Fireworks Galaxy)--, el nombre es más fácil de recordar. Como un buen número de otras galaxias relativamente cercanas, fue descubierta por William Herschel en septiembre de 1798, y se sitúa aparentemente entre las constelaciones del Cisne y de Cefeo.

Esta galaxia pasaría desapercibida entre otras tantas de las situadas a más de los 10 millones de años luz de nuestra Vía Láctea —que consideramos universo local— si no fuera por tres motivos. El primero es su por su orientación: se nos presenta vista de forma polar, lo cual nos permite ver su estructura de brazos espirales de una forma bastante clara. En segundo lugar, porque es una de las galaxias que presenta una tasa de formación estelar. En tercer lugar, por el número de supernovas que durante el siglo XX se descubrieron en la galaxia, nada menos que siete, y que le valieron el sobrenombre que tiene.

Pero, en lo que va de siglo XXI, con esta son ya cuatro nuevas supernovas, constituyendo, pues, la décima supernova descubierta en esta remota galaxia.

Cabe recordar que una supernova es una colosal explosión que se vincula a las fases finales de las estrellas, a la muerte estelar. Aparecen de forma repentina, sin que se disponga aún de la tecnología suficiente para saber cuándo va a suceder un evento de este tipo, pero su brillo las hace distinguibles del resto de la galaxia, incluso en lejanas galaxias, llegando a brillar, en algunos casos, más que todo el conjunto de estrellas de su galaxia; esto es multiplicar su brillo más de un millón de veces el precedente: sin duda, un apoteósico final.

HITO PARA LA OPT // Si ya por sí solo el descubrimiento de una nueva supernova es un acontecimiento notorio y altamente reseñable, en este caso el suceso es doblemente emocionante, porque la detección de esta explosión estelar también ha podido ser captada desde el observatorio astronómico de la Pobla Tornesa (OPT).

2017eaw es el nombre oficial de esta supernova fotografiada por el OPT, que es de tipo de colapso de núcleo, y que, de haberse producido en la Vía Láctea (la última ocurrió en 1604) y en las cercanías de nuestro vecindario estelar —a una veintena de años luz de La Tierra—, podría haber provocado la extinción masiva de especies en nuestro planeta.

Además de existir supernovas de colapso del núcleo que responden a estrellas de más de nueve veces la masa del Sol,también existen otro tipo de supernovas vinculadas a la fase final de sistemas de dos estrellas en interacción. Los residuos, el núcleo de alta densidad, seguirán colapsando para dar origen a objetos exóticos como estrellas de neutrones, púlsares o agujeros negros.