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Jose Benlloch

A fondo

José Benlloch

Hasta siempre, papá

El martes, en la iglesia Mayor de Vila-real, despedíamos de este mundo a Pepe ‘el Polido’, mi padre

Querría, en primer lugar y antes de todo, agradecer en nombre de mi familia todas las muestras de afecto recibidas estos días. El pasado martes en el marco incomparable de la iglesia Mayor de Vila-real, despedíamos de este mundo a Pepe el Polido. Mi padre. Solo Dios sabe el momento de nuestra partida.

Para todos los que lo conocían un hombre alegre, campechano, con la sonrisa siempre en la cara, trabajador, humilde, hablador. Le encantaba la gente, los niños, la buena mesa, la compañía, contentar y servir a los demás. Todos le han definido como un hombre bueno, que se hacía querer. Para nosotros, para la familia, ha sido junto a Pilar, mi madre, un pilar insustituible.

A los padres les debemos la vida, sobrevivir, la educación… que nos marca para siempre. Esta es la mejor herencia o legado que nos pueden dejar.

Mi padre era un hombre de valores transmitidos de generación en generación, de la gente de este magnífico pueblo que él tanto quería. Porque él nunca quería que dijéramos ciudad. Siempre me decía que Vila-real era su pueblo.

Discreto, tranquilo, servicial, trabajador incansable, fuerte como un toro, valiente, noble de trato y feliz con lo que hacía y con lo que tenía, que se ganó a base de esfuerzo y de sudor. Esfuerzo y sudor que, junto a mi madre, ha hecho que tiráramos adelante la familia, tres hijos, tres hijos políticos y cinco nietos a los que adoraba.

Le estaré siempre agradecido de los valores que me inculcó, que intento practicar cada día: esfuerzo, trabajo, humildad, afecto, aprecio por el detalle… Era un maestro.

Pero si por algo le estaré siempre especialmente agradecido es por ayudarme a entender el respeto, la defensa de lo nuestro, nuestras raíces, los orígenes. Les aseguro que en la adolescencia no fue fácil para mí entender el apego a la tierra, a los naranjos, de sus antepasados. Aquello me hizo entender los motivos del éxito de nuestro pueblo: la constancia, el sembrar con paciencia y sin rendirse nunca, aunque no sacara beneficio en el momento. Y así lo hizo hasta el día de su muerte: plantar naranjos, a pesar del cotonet, del precio tirado de la naranja, la grave crisis de nuestra citricultura. Sin abandonar la tierra de la que era parte.

Sabemos que ha sido muy feliz hasta el último día. Tras superar una grave enfermedad, vio nacer a Marc, el último nieto que le llama uelo Pepe, celebró la copa de la Europa League de su Villarreal, las semifinales de Champions, sus bodas de oro, vio pasar el covid-19, vivió la Semana Santa después de tres años y celebró cada día de las fiestas de San Pascual como nunca.

Su misión aquí ha llegado a su fin. Ahora, junto a nuestro Cristo del Hospital, San Pascual, la Virgen de Gracia y San Francisco, nos cuidará desde el cielo junto a todos los seres queridos que no mueren cuando parten, sino que se convierten en ángeles de la guarda que nos acompañan cada día, hasta que nosotros nos reunimos con ellos al lado de Dios Padre.

Durante la semana de fiestas, he pedido al pueblo que celebre la vida. Él lo hacía y es lo que quiere que hagamos. Gracias a la Policía Nacional, la Policía Local, Juanvi Bono, Silvia y Encarna, el médico Eloy, la médico forense Carmen, el equipo del SAMU… Sé que hicieron todo lo posible.

Gracias a todos por vuestra compañía y afecto. Gracias, papá.

*Alcalde de Vila-real

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