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El Periódico Mediterráneo

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Paco Mariscal

Claritas del día sin mitin

Argumentar, razonar o exponer con claridad son infinitivos o acciones verbales ajenas, por completo, a las declaraciones y mítines cotidianos de un sector nada desdeñable del PP de por aquí, con incidencia especial en algunos miembros destacables en la vecindad del Riu Sec. Es un discurso mitinero casi siempre seco, como el río de la capital de la Plana, vecinos, un discurso permanente y constante que causa hastío. Es la agitación y propaganda electoralista vacía con un tonillo de voz semejante a la del dictadorcete de El Otoño del Patriarca, la novela de García Márquez, algo peculiar y difícil de imitar. De hecho, ese tono desagradable, irracional y mitinero no lo imita ni los siguen numerosísimos partidarios o miembros de nuestra derecha, que actúan, sin estridencias, más acordes con la argumentación y el razonamiento. Pero nos referimos, vecinos y allegados de andaluces arraigados en la Plana por donde el Riu Sec, a los alumnos aventajados de Pablo Casado, Teodoro García Egea y la presidenta de la autonomía madrileña, esa autonomía con el tachón de las mascarillas pandémicas y en enriquecimiento indebido. Son los mismos que, de un día para otro pasan de canonizar y bendecir a Pablo Casado a bendecir y canonizar a Alberto Núñez Feijóo, porque, como bien indicó Marta Barrachina, negro sobre blanco, ganaba elecciones. Argumento social, político y filosófico digno de pasar a los anales de la historia de las ideologías. Amén. Y es solo un ejemplo, podríamos traer a colación decenas de afirmaciones y declaraciones de la misma guisa de Carlos Mazón Guixot o de la cabeza de filas del PP. Aunque, vecinos, entre estos renglones no cabe la generalización, y la sensatez existe también en el PP de por aquí, aun cuando de momento no se oye y apenas se percibe.

El análisis y el razonamiento brillan por su ausencia

Se oyen los aplausos y alegrías de la vocinglería mitinera por los resultados, el pasado domingo, de las elecciones autonómicas en Andalucía. Resultados que de inmediato extrapolan, en su constante discurso mitinero y electoralista; extrapolan digo a unos hipotéticos resultados futuros y electorales en el País Valenciano y en el resto de las anchas Españas. El análisis y el razonamiento brillan por su ausencia. Se olvidan de que en Andalucía, y ese otro día, algo más del 42% de los ciudadanos con derecho a voto no acudió a las urnas; se olvidan de que algo más del 2% de los votos depositados en las urnas fueron nulos o en blanco; pero, por encima de todo, se olvidan del perfil y el discurso de Juanma Moreno Bonilla, que se echa a faltar por donde el Riu Sec y donde el Turia, el Xúquer y el Vinalopó. Juanma comenzó en política, como Dios manda y los franceses recomiendan, siendo concejal de una alcaldesa malagueña moderada y demócrata, Celia Villalobos; luego siguió su trayectoria en el ámbito de lo público sin olvidarse del abuelo jornalero y socialista que votaba a los de Pablo Iglesias, por un lado, y por el otro sin olvidarse del otro abuelo que a lo mejor votaba a la CEDA. Un político normal y sin arrogancia como cualquiera de ustedes habrá constatado en los medios de comunicación.

Claro que el olvido relevante, por parte de nuestros mitineros vocingleros, es el de la situación social y política de Andalucía, tras 40 años de gobiernos autonómicos socialdemócratas, a partir del núcleo del PSOE sevillano, que no malagueño. Una situación política y social que dejó magistralmente dibujada Luis García Montero, granadino y director del Instituto Cervantes, tres días antes de las elecciones andaluzas. Los resultados electorales en Andalucía, sin duda, se mezclan con el laberinto de una política desprestigiada, atenazada por los populismos y patrioterismos de toda índole en el Planeta y las tierras hispanas. Por eso uno, vecinos, ni se asombró ni le sorprendieron los resultados electorales en Andalucía cuando los conoció junto a las claritas del día del pasado lunes.

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