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Antonio Gascó

COSAS MÍAS

Antonio Gascó

El cerdito de San Blas

El pasado domingo, se publicó en estas páginas, un reportaje sobre el cuadro de Sant Blai, que había pintado, para la Arciprestal de El Salvador de Burriana, Amat Bellés. Una tabla de estirpe gótico flamígera, encastada en el estilo hispanoflamenco y que nada tiene que envidiar, por su perfección, reverencia estilística y precisa escrupulosidad, a la casi homónima, de Santo Domingo de Silos, que pintó Bartolomé Bermejo en el siglo XV, exhibida, en el Museo del Prado.

La devoción por el obispo de Sebaste en la ciudad del río Ana viene de antiguo. Particularizando, diremos que pertenece al periodo de la repoblación de Pedro Cornell, a poco de la reconquista por Jaime I. Curiosamente, al lado de la corriente fluvial está ubicada la ermita del patrono de los males de garganta. Nada tiene de extraño pues que, teniendo la imagen de San Blas en su iconografía, ya desde principios del gótico, el atributo de un cerdo, los habitantes de la localidad fueran, por extensión, motejados con ese mote, en virtud del símbolo del santo protector. La teoría no deja de ser simpática y tener cuchufleta, dentro de su más que probable verosimilitud. La razón de este vinculo entre el gorrino y el santo armenio viene a cuento de que, según se narra en su hagiografía, resucitó al animal que un lobo había degollado, restituyéndoselo a su dueña.

En la muy preciosista y minuciosa pintura de Amat, cabe señalar que en el brazo derecho de la sede en la que toma asiento el mitrado, aparece la imagen del simpático porcino, en una patentización de justicia icónica y, al tiempo, de la retranca jaranera propia del carácter del artífice.

Cronista oficial de Castelló

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