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El Periódico Mediterráneo

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Asturias

Una mujer asturiana enferma de ELA eligió una noche de luna llena para irse: "Una bella vida, una dulce muerte"

La ovetense Graciela Ruiz esperó a la legalización de la eutanasia para liberarse definitivamente de una enfermedad que era su cárcel

Graciela Ruiz, “Una bella vida, una dulce muerte”.

Las hermanas y las amigas de Graciela Ruiz Ortiz llevan tatuada la frase 'Viva la vida'. Lo hicieron por ella, que vivió intensamente cada uno de sus 50 años y que el pasado martes, en una noche de luna llena, decidió ponerle fin. A la ovetense Graciela Ruiz le habían diagnosticado esclerosis lateral amiotrófica (ELA) hace siete años. Vivía en Ibiza y cuatro años después del diagnóstico tuvo que regresar a Oviedo, para dejar que sus padres la cuidaran. “Era un pura sangre y la ELA la encerró en su propio cuerpo”, cuenta su hermana pequeña, Lucía. Esperaba ansiosa la aprobación de la ley de Eutanasia para ponerle fin a esa condena y en cuanto fue legal presentó su solicitud. Se fue el martes pasado, en una noche de luna llena, eligió su ropa, se abandonó a la melodía de 'Return to innocence', una canción del grupo Enigma, y expiró. Quiso estar sola, para irse tranquila, sin llantos y sin que nadie, en el último instante, intentara disuadirla. Es la primera vez en Asturias que una familia hace público un caso de eutanasia. Su hermana Lucía dice, y se le escapa el llanto al hacerlo, que no está apenada. “La pena era verla antes, encerrada en una prisión en vida. No vamos a llorar más, vamos a celebrar que se ha liberado”, promete. “No sufrió y se fue como ella quería. Tuvo una bella vida y una dulce muerte”, añade.

De mochilera.

De Graciela dicen que “era pura luz y pura vida”, “un ser luminoso”, “con una energía muy positiva”, “siempre sonriente”, “muy zen”. Era, sin lugar a dudas por lo que todos cuentan, una mujer valiente, intrépida y disfrutona. Tenía un vínculo muy estrecho con sus hermanas. La mayor, María Pilar, falleció súbitamente el año pasado, a los 51 años. Hace 25 años se fueron todas juntas a vivir a Inglaterra, Graciela, Lucía y Rebeca –tienen también un hermano varón, Borja–. Luego Graciela estuvo en Madrid estudiando Marketing y al acabar regresó a Londres para especializarse en Marketing Internacional. Estuvo trabajando en los Pirineos y durante ocho años en Italia, en la región de la Maremma, entre el Lacio y la Toscana, en unos viñedos de Poggio Focco. En su última etapa, antes de que la enfermedad la obligara a recurrir a sus padres, se había establecido en Ibiza, con tres de sus hermanas.

Con sus hermanas: todas juntas de niñas, con María Pilar abrazando, de izquierda a derecha, a Graciela, Rebeca y Lucía.

Lucía Ruiz cuenta que Graciela era especialmente hábil para los deportes, una viajera empedernida con la que compartió aventuras en mochila por América, y por otros países. “Era muy espiritual, amaba la naturaleza y era todo amor”, continúa contando. Los amigos de Graciela la recuerdan como “la chica más guapa de Oviedo” en aquella década de los noventa. Trabajó de camarera en la discoteca La Real, también ayudaba en los negocios de su padre y su cara les resultará familiar a quienes frecuentaban el Diario Roma o el Berlín. Estudió en el colegio Palacio de Granda y en la Escuela de Arte de Oviedo y “el patio de su recreo” estival era La Isla, en Colunga, donde las hermanas no se apeaban de la bicicleta.

Junto a María Pilar y Lucía.

Poco antes del diagnóstico de ELA Graciela había sufrido un accidente de quad y se había dislocado el hombro. Pensó que esa era la causa de la pérdida de fuerza en las manos, cuando se vio incapaz de encender un mechero. Cuando el médico le dijo cuál era el verdadero problema, ella y sus hermanas se lo tomaron “con descreimiento”, pero la enfermedad siguió su curso y su avance se hizo evidente, hasta llegar a la fase más penosa. Su hermana Lucía cuenta que Graciela “era una persona muy activa y lo llevaba fatal”. La familia respetó la decisión de Graciela, aunque está siendo duro, admite Lucía, especialmente para sus padres, María del Pilar Ortiz Villa y José Ruiz Escalante, que regentó la discoteca Zaycor, en Ciudad Naranco, y el 'R' en el Cristo, y que durante 15 años fue presidente de los hosteleros asturianos.

“Que nadie vista de negro y que donen para la investigación de la ELA”

“Cuando vengan al funeral que nadie se vista de negro y que no compren flores, que hagan una donación para la investigación de la ELA”, pide Lucía Ruiz Ortiz al anunciar que la familia ha organizado un acto, mañana, viernes, día 18, a las 17.00 horas en La Isla, en Colunga. El punto de encuentro es frente a la iglesia, pero no será una ceremonia religiosa. Allí quieren despedir a Graciela cantando, recordando, abrazándose, celebrando su vida. Luego depositarán sus cenizas en el mismo lugar en el que arrojaron las de su hermana mayor, María Pilar. El sábado, día 19, en la iglesia de San Pedro de los Arcos, en Oviedo, a las 17.00 horas, habrá una misa de funeral.

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