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Tercera edad

La extraordinaria longevidad de dos hermanas de 99 y 104 años en Ibiza

María y Antonia Serra Ferrer son hijas del último molinero de Vila y su hermano fundó la primera sala de fiestas de la isla

María Serra, de 104 años, y Antonia, de 99.

"Nuestro padre no tenía miedo. En la Guerra Civil, estaba en una barbería cerca de la Plaça de sa Font cuando llegaron unos aviones y empezaron a sonar las alarmas. Todo el mundo corrió hacia los refugios antiaéreos, pero él, que estaba a medio afeitar, se quedó dentro esperando. Cuando pasó todo, el barbero regresó y mi padre le dijo que se había quedado porque tenía que pagarle", recuerdan entre risas las hermanas. María Serra, que cumple 104 años, y Antonia, que el 8 de enero celebró su nonagésimo noveno aniversario. Las dos gozan de una memoria envidiable para revivir un siglo de historia con sus numerosas anécdotas y las vivencias de su padre, Joan Serra, de Can Fèlix, el último molinero de es Puig des Molins.

Aún queda un día para que las hermanas, reciban en su casa al resto de familiares para celebrar el aniversario de la mayor. Ellas no tienen hijos y les acompañan su sobrina Fina y su cuidadora, Bilma Soto. La mesa de su salón ya está decorada para la ocasión con globos, flores y algunas fotos de época.

María celebró ayer su cumpleaños con sus familiares. D. I.

La ‘fuita’

"En esta falta nuestro hermano Juanito, que aún no había nacido", aclaran. En la imagen posan con sus otras dos hermanas, Margalida y Esperanza. "La llamaron así porque se creía que, con este nombre, el siguiente en nacer era un hijo", explica Antonia. "Como yo era la hermana mayor, desde siempre me tocó cuidar de los pequeños y ayudar a mi madre en los trabajos de casa", precisa María.

En la fotografía familiar, destaca el vestido tradicional que luce su madre, Margalida Ferrer, una 'pagesa' de sa Fita, en Sant Rafel. En cambio, el padre, lleva un traje de aspecto moderno para aquella época.

Como a los 'rafalers' no les hacía gracia que un vilero cortejara a una chica del pueblo, la pareja recurrió a una fuita, una huída pactada para casarse. El hermano de la novia accedió a bajarla hasta Vila escondida en un carro. Al día siguiente, al ver que la hija ya no estaba en casa, los padres ya podían acceder a hablar de la boda.

María, de pie entre sus padres, y Antonia, a la izquierda de la imagen, con sus hermanas Esperanza (la pequeña) y Margalida.

Joan siguió con su actividad de molinero hasta la Guerra Civil. "Un día estábamos paseando por Dalt Vila cuando vimos llegar a siete barcos republicanos. Cuando ya llegamos a casa, empezaron a disparar al Castillo", recuerdan, aún con cierta congoja. Entonces, fueron a refugiarse a la casa de sus abuelos en Sant Rafel.

En otros episodios de alarma, se protegían debajo de la casa de sus vecinos, del Molí d’en Pep Joan. "Nuestro padre se quedaban en el tejado, con el abuelo de ellos, para ver los aviones. Decía que esos pajarracos no le quitarían el sombrero".

Del molino a la sala de fiestas

A partir de 1940, los molinos solo podían estar operativos si aportaban una producción mínima, así que Joan ya no volvió a moler grano nunca más. A partir de entonces, la familia salió adelante con el resto de actividades de actividades agrícolas que podían explotar en Can Fèlix y con algunos animales de granja.

Además del cerdo y algunas gallinas y conejos, contaban con un rebaño de cabras que guardaban en una cueva. En 1951, ese establo natural se convirtió en la pista de baile de la primera sala de fiestas de la isla, el Mar Blau, fundada por el hermano pequeño de María y Antonia, Juanito.

Al principio, cuando sacaban a las cabras de su nuevo corral para que comieran hierbas, acababan por regresar a la cueva después de pastar por es Molins. "Para ellas era su casa, así que teníamos que esperarlas a los pies de la pista para que no entraran y llevarlas de nuevo al establo".

Mar Blau se encontraba a los pies del hostal del mismo nombre, que regentaban unos familiares a los que vendieron el terreno para levantar el establecimiento, pero se trataba de dos negocios diferentes.

La sala se convirtió en todo un acontecimiento para la época y en una de las grandes pioneras del ocio, para turistas y residentes, ofreciendo un programa de espectáculos que abarcaba desde actuaciones musicales a desfiles de moda Adlib o elecciones de miss.

"Antes había algún sitio donde se hacían bailes, pero lo de aquí causó un revuelo muy grande. Tenía una orquesta fija y empezaron a traer a grupos organizados de turistas en autobuses, un día a la semana para hacer fiestas", rememoran.

Antonia empezó a trabajar allí de taquillera. "Yo también iba siempre, porque me dejaban entrar gratis", bromea María. El Mar Blau acogía exhibiciones semanales de ball pagès y, además de las actuaciones de sus músicos habituales, llegó a ofrecer conciertos con estrellas españolas de renombre, como del Dúo Dinámico o Sara Montiel.

María y Rosa, con su sobrina Fina y su cuidadora Bilma. JA Riera

El día que actuó la manchega, el 20 de julio de 1974, fue doblemente feliz para la familia, ya que Fina dio a luz a su hija Natalia. "A Sara Montiel le regalaron un ramo de flores durante su actuación, pero como ella sabía que yo estaba de parto, lo devolvió para que me lo llevaran a la clínica. Me llegó junto a una foto dedicada por ella", recuerda.

Fina escucha con atención los relatos de sus tías y les anima a que respondan cuando se les pregunta por el secreto de su envidiable longevidad. No obstante, ellas bromean y aseguran que se trata de "una receta secreta". "No sé si deben ser los aires de es Molins", sentencian.

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