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El Periódico Mediterráneo

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Incendios en Zamora

El viaje de las ovejas zamoranas en busca de alimento: de las cenizas a la rastrojera

Un ganadero de Tábara desplaza dos mil ovejas a Fontanillas de Castro para aprovechar las tierras cosechadas después de perder todo el pasto en el incendio de Losacio

Las ovejas cruzan el Puente Quintos camino de Fontanillas de Castro.

Hacía unos quince años que las ovejas de la familia Ballesteros (Pascualín) no se movían de los parajes de Tábara.

La trashumancia se ha ido complicando para los ganaderos de extensivo. Cañadas en desuso, caminos cortados y, para rematar, la autovía, acabaron con los desplazamientos de las ovejas a Porto, Padornelo o San Ciprián de Hermisende durante el estío en busca de los pastos frescos de la sierra. “Nadie se ha preocupado de hacer pasos ni de facilitar las cosas. Terminamos por dejarlo” cuenta José Manuel Ballesteros.

Nunca pensaron en recuperar la tradición de no ser por el incendio forestal que calcinó todo el alimento natural del ganado. La destrucción del pasto en Tábara, como en tantos otros pueblos, devorado por el devastador fuego de Losacio, obliga a los ganaderos a buscar alternativas en las rastrojeras de cereal y esta familia tabaresa ha aceptado el ofrecimiento del pueblo de Fontanillas de Castro, al que están vinculados por parte de la madre.

Alrededor de dos mil ovejas de raza castellana –blanca y negra, esta última en peligro de extinción– han realizado un “viaje” de 30 kilómetros por caminos y carreteras, los que separan Tábara del pueblo terracampino. Hay que remontarse muchos años atrás para ver el Puente Quintos ocupado de principio a fin por un gran rebaño ovino camino de las rastrojeras de Fontanillas de Castro.

José Manuel y el puñado de voluntarios de ambos pueblos que ayudaron a desplazar el ganado han revivido experiencias que no esperaban repetir. Pero entre las aproximadamente 30.000 hectáreas abrasadas en el incendio de Losacio hay un estimable porcentaje de superficie de pasto, forraje y rastrojera que ha dejado a la ganadería en el dique seco.

El recorrido pastoril comenzó el martes a los pies de la Sierra de la Culebra, en Tábara, y tras una parada y fonda en Faramontanos, las ovejas llegaban hoy miércoles al que será su hábitat durante al menos los dos próximos meses. “A las tierras les viene bien y las ovejas comen” apostilla el ganadero tabarés.

Como tantos gestos que se suceden después del desastre, destaca también el de Santiago, un vecino de Faramontanos que cedió su cerca y llenó la balsa para que las ovejas pasaran la noche y saciaran la sed. “El ganado ha estado como Dios” agradece Ballesteros.

Los guías se han preocupado de hacer el viaje lo más apetecible para que las ovejas no sufran. “Paramos a sestear donde hay agua para que descansen y no sufran”. No ha sido un recorrido largo pero sí intenso, controlando al gran rebaño por carreteras y caminos para que ningún animal se despistara o cayera al Esla en las inmediaciones del Puente Quintos.

La Guardia Civil se encargaba de controlar el tráfico, especialmente de coches y algunos ciclistas. “¡Cuidado con los perros!” previene Ballesteros al paso de alguno de ellos.

Superado el paso por el viaducto, pastores y voluntarios hacen un alto para dar buena cuenta del almuerzo mientras las ovejas se arremolinan en busca de sombra.

“En Fontanillas ya no hay ovejas, apenas queda un rebaño pequeño, es bueno que los animales limpien las tierras, sino va a quedar ahí todo perdido. El año ha sido malo, no ha quedado nada en las tierras pero estas ovejas son esclavas y se agarrarán a todo lo que puedan” opina José Antonio Salvador, uno de los promotores de la “cesión” de las rastrojeras.

Sin ovejas que “limpien” el rastrojo, los agricultores ararían las tierras. “Al menos que lo aprovechen las ovejas” coinciden desde Tábara y Fontanillas.

Conocidas las desastrosas consecuencias del incendio, las muestras de apoyo se han sucedido. Los ganaderos han recibido ofrecimientos de tierras desde distintos pueblos donde el pastoreo de las ovejas ya es historia.

Al menos dos ganaderías de la zona quemada por el incendio de Losacio desplazarán al ganado a otros pueblos para proporcionarles alimento. Otros se van apañando con las donaciones que van llegando de distintas administraciones, entidades o particulares. Hay quien ha visto en el desastre la puntilla a la compleja situación que ya vivía el sector y sopesa el cierre definitivo de la explotación.

“Tenemos que estar unidos y ser fuertes, sería una pena que el fuego se llevara por delante ganaderías de extensivo. No es bueno que desaparezcan” sostiene el productor tabarés. “La Junta, y en general todas las administraciones, deben ser conscientes de esta situación y que valoren lo importante que es la producción extensiva para la biodiversidad y la sostenibilidad”.

Igualmente los ganaderos apelan a la unidad de los ayuntamientos afectados por el incendio de Losacio para hacer causa común e “ir todos a una en defensa de lo nuestro”. Son muchos los desafíos a los que se enfrenta el sector primario. También a los daños que ya empiezan a sufrir los cultivos de girasol y maíz. “Hay manadas de ciervos y jabalíes que buscan el frescor de los regadíos, los daños ya pueden verse en Tábara, Moreruela, Santa Eulalia. Otro problema más” lamenta un agricultor.

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