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El Periódico Mediterráneo

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El Tourmalet

El Tourmalet: "Por favor, señor, ¿por dónde pasa la Vuelta?"

La recogida de bidones de la carretera sigue siendo una costumbre entre los aficionados que no se cansan de pedir gorras y camisetas creyendo que todo el mundo lleva el maletero lleno de regalos.

Vincenzo Nibali hace un ’caballito’ rodeado de espectadores en la cima de Les Praeres. La Vuelta

“Por favor, señor, ¿por dónde pasa la Vuelta?”. El aficionado al ciclismo, aunque por desgracia ya han llegado los vicios de otros deportes, suele ser una persona educada, que lo único que quiere es recoger los bidones que los corredores lanzan al aire para no golpear ni a sus compañeros ni al público con un impacto directo. La semana pasada, ya oscuro y en Cantabria, una pareja iba con las luces largas del coche tratando de descubrir estos tesoros en la cuneta, después de ascender los corredores al Pico Jano.

La pregunta con educación va dirigida al seguidor asturiano que quiere conocer la ruta exacta por la que transitará la carrera. Como los holandeses, como llevan décadas haciéndolo el público francés y no tan francés en el Tour, una vez ha descubierto la ruta exacta se instalará unas horas para no perderse el paso del pelotón.

Asturias fue un clamor y si Cantabria no vibró más fue porque el verano traicionó a la carrera. Hacía un frío digno de invierno, con niebla y lluvia, elementos que, evidentemente, no invitaban a pasar una tarde del mes de agosto apostados en el bosque a la espera de la llegada de los corredores.

La hora de Andalucía

Ahora cambia totalmente el paisaje, desaparece el verde del Cantábrico y los ciclistas pedalearán por terrenos más áridos y calurosos, sobre todo cuando la semana ya empiece a despedirse y la carrera penetre en los territorios de Córdoba y Jaén donde algún ciclista pagaría una parte del salario del día con tal de encontrar una sombra por el camino. Por desgracia, los olivos jienenses ofrecen una estampa irrepetible, pero sombra, lo que se dice sombra, dan muy poca.

Ahora cambia el paisaje y también el carácter de la gente. En Andalucía el paso de la Vuelta se convierte en una fiesta. Se lanzan a la calle con las sillas, en un ambiente familiar del que participa todo el pueblo. Hasta en algunos sitios las agrupaciones políticas locales montan su caseta por donde pasa el alcalde o alcaldesa de turno si son de su mismo color.

Ya no llevan gorra los ciclistas

Y sigue habiendo un deseo, que nunca, y menos ahora, se convierte en realidad. “¿Me das una gorra o tienes una camiseta?”, suele ser la petición más popular que se escucha en la Vuelta. ¡Caramba! Si los ciclistas ya no llevan gorra sino casco y si acaso se la colocan algunos en el podio, cuando suben al cajón de los éxitos, es para hacer un poco más de publicidad de sus equipos. Por desgracia, ya hace unos años que Jaume Mir, el eterno auxiliar del bigote, ya no está por las carreras colocando la gorra y aseando a sus ciclistas. Murió en 2019, después de recorrer durante décadas, desde los tiempos de Federico Bahamontes, las rutas del Tour, la Vuelta y el Giro.

¿Y camisetas? También han pasado a la historia. Se recuerda, en los años 90, en los Giros exitosos de Miguel Induráin, que había una competencia entre las ciudades italianas que acogían la carrera. A ver quién diseñaba la zamarra más original. Regalaban tantas que había que ofrecerlas por el camino porque ni cabían en la maleta.

El pueblo saluda a la Vuelta

Sin embargo, son muchos los espectadores que siguen pidiendo regalos como si disponer de una pegatina en el coche para poder circular por las carreteras acotadas a la Vuelta fuera sinónimo de llevar el maletero del coche lleno de gorras y camisetas de todos los colores y tallas. Pues, no. Negativo. No hay regalos.

A los pueblos y ciudades por los que pasa la Vuelta solo les falta un detalle; la decoración. El Tour acostumbra a organizar concursos para premiar a la localidad que ha tenido más ingenio a la hora de maquillarse por la visita de la carrera. El color rosa predomina en todos los escaparates de los comercios y balcones para recibir al Giro. Sin embargo, esta costumbre no ha calado en España donde sigue siendo la pancarta más repetida la del nombre del pueblo acompañado por el “saluda a la Vuelta”, qué se le va a hacer.

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