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El Periódico Mediterráneo

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INDUSTRIA

El coste del gas vuelve a dispararse sin que la cerámica de Castellón pueda prescindir de él

Junio marca un récord absoluto en el coste de la energía, mientras que las fuentes alternativas aún no están claras

Horno experimental de hidrógeno en las instalaciones del ITC de Almassora. GABRIEL UTIEL BLANCO

Lejos de solucionarse, la escalada de precios del gas natural no hace más que ir a peor. El mes de junio cerró con un récord de cotización, al alcanzar una media de 144,5 euros por megavatio hora según el indicador de referencia, el TTF holandés. En la primavera del 2021 apenas costaba 20, por lo que el valor se ha multiplicado por siete. De ser uno más de los costes para el sector cerámico ha pasado a comerse la tercera parte de toda la facturación, con la consiguiente pérdida de competitividad.

Al margen de estos hechos, agravados desde la guerra en Ucrania, el gas natural ya estaba condenado a muerte. Su defunción parcial, atendiendo a la normativa europea, está prevista en el 2030, cuando las emisiones de CO2 tienen que reducirse en un 55% respecto a las de 1990. Y en el 2050 debe llegar al final definitivo, con la neutralidad de emisiones a la atmósfera.

Este calendario, unido a los elevados costes, han animado a B De todas ellas se habló en la reciente edición de la feria de calidad cerámica, Qualicer, aunque la conclusión fue que no hay remedios mágicos a corto plazo.

Las expectativas del hidrógeno

Se ha convertido en un asunto recurrente cada vez que se habla del futuro del sector cerámico. La idea es simple: hay que cambiar el gas natural por un gas que no genere CO2, el hidrógeno. Y para conseguirlo, hay que hacer un proceso químico, la electrólisis, con el fin de obtener este elemento a partir del agua. Pero para ello hay que consumir grandes cantidades de energía, que deberían obtenerse mediante fuentes renovables para lograr las ansiadas cero emisiones.

Hay posturas entusiastas y otras que no lo ven tan claro. En el primer bando se encuentra el presidente del grupo Pamesa, Fernando Roig, que anunció que este año estará en marcha una planta atomizadora en Onda a base de hidrógeno modulable, una tecnología procedente de Estados Unidos en la que tiene depositadas muchas esperanzas. Tantas, que afirmó, pese a las dudas de su equipo: «Vamos a correr para que en el 2023 todo se fabrique con hidrógeno».

Castellón ya cuenta con un horno que funciona con hidrógeno, pero es experimental. Lo trabaja el Instituto de Tecnología Cerámica (ITC) en sus instalaciones de Almassora. Por el momento, funciona con una mezcla de 20% de hidrógeno, y se espera que a final de año se pueda probar al 100% con este nuevo gas.

En Italia se espera que este año haya una fábrica de cerámica que funcione con hidrógeno, mezclado con gas. En cambio, desde Iberdrola, Millán García-Tola advirtió «de una posible burbuja» sobre esta tecnología. Se necesita demasiada energía para la electrólisis, y señaló que haría falta plantearse otras vías alternativas.

¿Hornos eléctricos para el futuro?

No es la primera vez que se habla de ellos, pero se reactiva esta posibilidad. José Vicente Tomás, de Kerajet, es uno de sus principales defensores. Cambiar los actuales hornos de gas por los eléctricos supone variar por completo toda la maquinaria para la cocción, pero «con el uso de hornos de hidrógeno se pierde mucha eficiencia, algo que no ocurre con la electricidad», defendió. Hay dos interrogantes principales. Por un lado, producir maquinaria a gran escala. Por el otro, saber si hay suficiente energía -y asequible- que haga viable económicamente esta idea. De momento la electricidad está por las nubes y hay interés en desplegar las renovables, pero el proceso sigue en casilla de salida.

La carta de los gases renovables

El biometano forma parte de las quinielas como sucesor del gas natural. El secretario general de la patronal Ascer, Alberto Echavarría, mencionó que esta opción «sería la más inmediata, porque no implica una transformación en los procesos y en los hornos». Incluso se puede inyectar por la actual red de gasoductos. El inconveniente es que apenas hay producción que sirva para satisfacer, ni en una mínima parte, toda la demanda del sector cerámico provincial, que asciende a 17 teravatios hora al año. La mitad de todo el consumo de gas de la Comunitat. No hay residuos en España, ni previsión de plantas, para crear cantidades suficientes. 

Las opciones descartadas

¿Hay otras opciones? Sobre el papel, sí, pero las autoridades prefieren no abrir ese melón. La nueva secretaria autonómica de Economía, Empar Martínez Bonafé, es tajante sobre la continuidad de la energía nuclear o la posibilidad de explorar el fracking. Su respuesta a sendas vías es negativa. «La energía nuclear no forma parte de las renovables, hay un problema con los residuos», contestó. Sobre la fractura hidráulica, de la que hubo varios proyectos hace unos años, permitiría obtener gas sin tener que depender de la política exterior, como ocurre en estos momentos con Argelia o el conflicto provocado por Rusia, aunque los riesgos ambientales sobre el territorio son enormes.

La Generalitat apuesta por el sol y el viento, y hay mucho trabajo por delante, por lo que los recursos están centrados en estas opciones. Mientras, los costes energéticos de la industria no hacen más que subir. La investigación despejará las dudas.

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