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El Periódico Mediterráneo

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BALANCE

La economía de Castellón, en una montaña rusa tras seis meses de guerra en Ucrania

Desde el estallido del conflicto en el Este se ha frenado la recuperación postpandemia, con la cerámica como principal afectada

La producción cerámica sufre de manera especial el efecto de la guerra en la economía. GABRIEL UTIEL BLANCO

Esta semana se han cumplido seis meses desde que Rusia inició su ofensiva contra Ucrania. Un conflicto bélico que ha dejado, según Naciones Unidas, más de 5.500 civiles muertos y un movimiento de refugiados que recuerda a las páginas más negras de la Historia. La vertiente humana es la principal cara de una guerra, pero hay efectos en la economía global, y con una huella directa en Castellón. Así han cambiado los bolsillos de los ciudadanos y las cajas de caudales de las empresas desde que el planeta vuelve a estar en vilo.

El crecimiento se frena en seco

El 2022 estaba llamado a ser el año en el que la economía de la Comunitat recuperaría el pulso perdido con el coronavirus. Después del batacazo del confinamiento se esperaban unos años de enormes crecimientos del PIB, que organismos como el centro de análisis de BBVA ya se han encargado de rebajar. La economía valenciana se limitará a crecer este año un 3,8%, y las previsiones para el 2023 vaticinan una subida muy inferior, de apenas el 1,8%. La guerra es el principal factor que explica las correcciones a la baja.

La enorme factura en la cerámica

El estandarte industrial de Castellón se ha visto muy tocado desde el comienzo del conflicto. En primer lugar, porque la mayor parte de las arcillas de importación para fabricar cerámica venía de las canteras de Ucrania. Se han buscado suministradores de otros países, pero la competencia entre otras potencias productoras de azulejos, como Italia, implica costes más elevados. Aún así, lo que más altera al funcionamiento de la cerámica es el coste energético. Los contratos de suministro de gas con las fábricas de Castellón están ligados a un índice de referencia europeo, el TTF holandés, muy voluble a cualquier novedad de Rusia sobre el NordStream, el gasoducto que comunica al país de Putin con Alemania. La conclusión es que el gas ya está por encima de los 300 euros y, según afirma el secretario general de la patronal azulejera Ascer, Alberto Echavarría, con estos precios «te preocupa si podrás abrir la fábrica o no». Hace 18 meses, el precio del gas era de apenas 20 euros.

Una política exterior desconcertante

La política exterior del Gobierno tampoco ha sido de ayuda para que la economía castellonense se sienta protegida en estos meses de incertidumbre. En abril, España mejoraba sus relaciones con Marruecos a costa de empeorar la relación con Argelia. Un país con una gran capacidad de exportar gas, que ahora se ha buscado otros socios prioritarios como Italia o, justo esta misma semana, Francia. Algo que pasa factura al azulejo. A ello hay que sumar el bloqueo de las transacciones comerciales. En junio se rompió el tratado de amistad España-Argelia, y Castellón quedó tocado: era la segunda provincia que más vendía allí. Especialmente esmaltes cerámicos y maquinaria, que en muchos casos se han quedado detenidos en los puertos argelinos. La patronal de los esmaltes, Anffecc, calcula que el daño ya va por los 25 millones de euros en los dos primeros meses. En la maquinaria, Asebec advirtió de la pérdida de circulante por valor de 50 millones.

La inflación se pone por las nubes

Los primeros indicios comenzaron antes de la guerra, pero desde marzo el coste de la vida se ha disparado. Y más en Castellón. Si el IPC interanual de julio en España era del 10,8%, el dato más alto desde septiembre de 1984, en la provincia alcanzó el 12%.

Existen medidas para controlar precios como los carburantes, con los 20 céntimos por litro de aportación del Gobierno.

Un usuario de una estación de servicio. ERIK PRADAS

Otras iniciativas se han notado menos, como el tope del gas para producir electricidad, que encima ha perjudicado a las plantas de cogeneración cerámica, obligadas a parar ante las pérdidas ocasionadas.

En estos meses protestaron los camioneros y la flota pesquera de Castellón se quedó en tierra por los elevados costes. Nadie descarta que la tensión vuelva en el tramo final del 2022.

El empleo, el único frente positivo

El mercado laboral es de lo poco que ha dado alegrías en los seis últimos meses. A finales del 2021 se aprobaba la reforma laboral, y este hecho parece haber sentado muy bien al empleo de la provincia, que desde el primer momento se puso a la cabeza de la contratación indefinida. Castellón acabó el mes de julio con 35.151 parados, la cifra más baja desde el año 2008, mientras que la afiliación a la Seguridad Social está por encima de las 250.000 personas. A esto se suman los nuevos convenios provinciales de la hostelería y el transporte por carretera.

La cara más preocupante viene, de nuevo, por el azulejo. En este año 33 empresas han solicitado ERTE, que afecta a 4.570 personas. Muchos de ellos no se aplican aún, pero están preparados ante la deriva del precio del gas y el miedo a una caída de la demanda en los principales mercados internacionales.

Exportaciones al alza pero con truco

Las ventas internacionales de Castellón no paran de crecer. El primer semestre del 2022 acabó con un aumento del 46% interanual. El doble que la media española, gracias sobre todo al azulejo. Desde Ascer reconocen el buen ritmo, pero a la vez indican que el volumen exportado es inferior. La mejora de la facturación se debe a la inflación. El azulejo es de los sectores que más han reducido su producción en lo que va de año.

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