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Llegaron a poner cámaras y vigilancia nocturna sin comunicar a instancias superiores

El director del Desert actuó a espaldas de la Conselleria en la gestión de los burros antiincendios

A los 15 días detectaron irregularidades y desde el parque natural no trasladaron ninguna información

Algunos de las burros participantes en el proyecto en el Desert, que ya están de vuelta en la finca de su propietario. Frank Palace

Para la consellera de Agricultura, Desarrollo Rural, Emergencia Climática y Transición Ecológica, Mireia Mollà, «administrativamente» los responsables únicos del proyecto con burros en el Desert de les Palmes eran el propietario de los animales y el director del parque natural, Toni García, y a este último le atribuye la obligación de haber informado de cualquier contratiempo en tiempo y formar a las instancias superiores, algo que sucedió tarde, de ahí que le hayan abierto un expediente.

Ganadero y director del parque han colaborado y han tenido una comunicación fluida desde el primer momento. Así lo ratificó ayer Juan Lebrián, que no deja de insistir en que la iniciativa ha fracasado por alguna injerencia humana «malintencionada».

Asegura que «a los 15 días de dejar a los burros allí» se dio cuenta «de que algo pasaba», y lo comentó con el responsable del espacio protegido. El cercado eléctrico aparecía cortado y en alguna ocasión encontró los animales por el camino, fuera de las parcelas acotadas. Además, tenían mordeduras «y no de jabalí, eran de perro». En todo momento, el director fue conocedor de su preocupación sobre las incidencias, pero actuó a espaldas de la Generalitat.

Acciones impulsadas

Respondieron a la posible amenaza y, según ha podido saber Mediterráneo, colocaron hasta tres cámaras de fototrampeo e hicieron vigilancia nocturna. Fueron medidas que tomaron sin comunicar nada a la Conselleria, donde desconocían que estuvieran produciéndose problemas. Y ahí estriba la razón del malestar de la consellera, que está convencida de que las muertes de los animales no debieron producirse y podrían haberse evitado si se hubiera actuado de otra forma.

Lebrián confirmó ayer que un día de septiembre se dio cuenta de que los animales estaban con diarrea y, a partir de entonces, «empezaron a morir».

Para el departamento de Mollà, esta sería otra de las razones por las que no se actuó con diligencia, porque no informaron de la situación ni a la Guardia Civil ni a los veterinarios (el propietario lo reconoce) y no ampliaron el foco de la intervención más allá del parque natural.

Esta polémica ya se cobró una víctima política, al forzar Mollà la dimisión del director general de Medio Ambiente, Benjamín Pérez. Y podría no ser la última.

«Si vas a soltar en el medio natural un animal acostumbrado a la estabulación, debes asegurarte de que esa transición sea paulatina y escalonada». La reflexión la hace María de la Cuesta, miembro de la comisión de clínicos de equinos del Colegio de Veterinarios de Valencia y responsable del servicio de medicina interna del Hospital Veterinario de la Universidad CEU-Cardenal Herrera. Explica que a diferencia de los caballos, que aguantan mejor la escasez de comida o agua, los burros «son más susceptibles a estas carencias». «Lo pasan peor», apunta, y señala que habrá que esperar a las necropsias para determinar la causa exacta de la muerte. «Sería muy osado dar una opinión sin más datos», insiste.

De la Cuesta, que junto al equipo de veterinarios del hospital CEU Cardenal Herrera abordó la crisis del rinovirus equino detectado en territorio valenciano, recuerda que utilizar asnos en programas de prevención de incendios «no es ninguna barbaridad». «Eso sí, en terrenos donde puedan adaptarse, porque un burro no es una cabra», razona. 

MINERVA MÍNGUEZ

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