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Cataluña

Reconstrucción del cese de Puigneró: de la cuestión a la pérdida de confianza en 24 horas

Aragonès y Turull trataron de reconducir la situación, pero la versión de Junts sobre la posición de sus 'consellers' echó al traste el entendimiento

Los consellers de Junts, con Jordi Puigneró al frente, entrando a la reunión del Consell Executiu del pasado miércoles. Manu Mitru

Pere Aragonès encajó, el martes, las palabras de Albert Batet, en las que exigía que se diera cumplimiento a las tres demandas que Junts reclama desde hace un mes o bien se sometiera a una cuestión de confianza, con estupor. Llevaba, como quien dice, 12 horas codo con codo con el vicepresidente Jordi Puigneró a su lado, en el debate de política general, y trató de esconder sus emociones. No sabía nada del as en la manga que los posconvergentes iban a sacar. "No se trató de un enfado personal, sino que inmediatamente entendió que la jugada ponía en peligro a todo el Govern, también a los consellers de Junts. Era un ataque muy grave a la institución", detalla una fuente republicana. Evitó replicar en ese momento a Batet y se dio tiempo hasta el turno de su correligionario de ERC, Josep Maria Jové. De hecho, se dio 24 horas para saldar la cuestión.

Durante esa noche, el president, obviamente, empezó el intercambio de impresiones y de ópticas con su equipo más cercano. A la mañana siguiente, la del miércoles, Aragonès amplió el círculo a miembros de su partido, entre ellos, Oriol Junqueras y Marta Rovira y se reunió con Laura Vilagrà, consellera de Presidència. En esas horas de la mañana llega la información fidedigna de que Puigneró conocía la jugada de la cuestión de confianza de Junts. Con Junqueras, afirman fuentes republicanas, no habría ulterior contacto hasta la madrugada, cuando se intercambiaron unos mensajes de texto.

Aragonès y Vilagrà decidieron convocar al Govern para descubrir hasta dónde alcanzaba lo que los republicanos ya tildaban de "deslealtad". Se acordó, asimismo, citar al secretario general de Junts, Jordi Turull, para un encuentro a solas, sin Laura Borràs, inmediatamente después de la reunión de los consellers.

Los miembros de Junts que ocupan silla en el Consell Executiu comieron (excepto Jaume Giró, que, según fuentes posconvergentes, tenía agenda oficial en la Vall de Bianya) con Turull, Borràs, Batet y Josep Rius. Durante la comida, pactaron que todos debían mantener la apuesta por la cuestión de confianza sin fisuras, al temer que alguno pudiera defender su permanencia en el Govern o relativizar la amenaza que había lanzado el partido.

El interrogatorio

Los consellers, encabezados por Puigneró, entraron juntos en el Palau de la Generalitat. Con esa unidad rocosa y de apoyo a las acciones de su partido empezó la reunión. A partir de ahí ya difieren las versiones. Según fuentes republicanas varios consellers de Junts modularon el discurso. Algunos se lamentaron de estar en medio de una pugna entre la lealtad debida al president como miembros del Executiu y la obediencia al partido. 

Otros, quizá los más mediáticos, no se movieron de las aguas ambiguas de la adscripción a lo dicho por Junts y la voluntad de solucionar los desencuentros. Puigneró admitió que sí conocía de antemano que Batet tenía previsto mostrar la carta de la moción de confianza. Fue el único. Pero fuentes de JxCat insisten en que sus consellers no se movieron un ápice de la adscripción total a lo dicho por el partido.

La amenaza parlamentaria enervó a Aragonès, pero constatar que el número dos del Govern le había ocultado la maniobra fue definitivo para destituirle

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Tras el Consell Executiu, Aragonès se trasladó a la Casa dels Canonges donde le esperaba, cerca de 45 minutos, Turull. Reforzado por el reconocimiento de Puigneró, el president, según los republicanos, explicó al número dos de Junts que meditaba cesar al vicepresidente. Según los posconvergentes, en esa primera parte de la reunión, nada parecido fue dicho.

El comunicado

Sí coinciden en ERC y en Junts en que el tono de Turull fue siempre conciliador y de empeño en la búsqueda de soluciones. Un tono parecido al que mostraron los consellers ya al final del Consell Executiu. A la hora y poco de reunión se hizo un receso. Turull se dirigió al despacho de Puigneró y Aragonès se citó con su equipo.

Es durante ese receso cuando Junts hizo público un comunicado (a las 20.11 horas) en el que explicaba que los consellers permanecieron fieles a lo dictado por el partido: "Han apostado por el cumplimiento del acuerdo firmado entre Junts y ERC [...] en la misma línea que se expresó Batet" en el Parlament, la víspera.

Fuentes republicanas aseguran que este comunicado enojó, de nuevo, a Aragonès, porque se contradecía “con lo que él había visto”. Según los posconvergentes, en esa primera parte, ambos habían pactado reconducir la situación, por lo que deducen que, en el descanso, el president conversa con “alguien” y vuelve a la reunión con la decisión de cesar a su vicepresidente. Según fuentes de Palau, ese "alguien" no existe (no es Junqueras) y consideran una maldad que los posconvergentes vuelvan al soniquete de la presunta tutoría del presidente de ERC al presidente de la Generalitat. Turull sí pidió que Borràs fuera a Palau y llegó acompañada de su círculo de confianza, pero no entró en la sala con Aragonès en ningún momento.

Tras el receso, se reanudó la reunión con Turull y el republicano le afeó las distintas versiones de los miembros de Junts y la literalidad del texto enviado a la prensa. Es entonces cuando se reafirmó en el cese de Puigneró. Mantuvieron un amplio debate, siempre con buenas formas, pese a la "perplejidad" del secretario general. Turull intentó lo inevitable, rebajar la tensión y buscar una solución intermedia. No la hubo porque Aragonès tenía la decisión tomada, así que citó a Puigneró en su despacho y le comunicó que firmaría su destitución. El entonces vicepresidente, apuntan fuentes de Esquerra, mostró poca “resistencia”, menos, por ejemplo, que la que había mostrado el propio Turull.

Borràs, Turull y Puigneró salieron de Palau juntos, para arropar al que fuera su máximo representante en el Govern, y sin responder a las preguntas de los periodistas. Los equipos de la Generalitat empezaron a preparar la Galería Gòtica para que el anuncio fuese solemne, que exhibiera el golpe de autoridad de Aragonès.

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