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Deportes

 

Río de Janeiro y los Juegos de la desunión

El país está totalmente dividido por el coste de los JJOO con 67.500 policías en las calles

 

EDU SOTOS
03/08/2016

A puertas del inicio de los Juegos Olímpicos de Río 2016 y en la cidade maravilhosa son pocos los que se muestran entusiasmados con la idea de acoger el mayor evento deportivo del planeta. Más allá de la sonrisa de los orgullosos voluntarios, que lucen sus coquetos uniformes camino del aeropuerto o de alguno de los escenarios olímpicos repartidos por toda la ciudad, el espíritu olímpico continua siendo un completo desconocido entre los cariocas.

Las enormes pancartas de Río 2016 colocadas en las populares playas de Copacabana e Ipanema o los adhesivos de colorines que decoran la valla que bordea la carretera del aeropuerto internacional en realidad solo sirven para tapar la incómoda miseria de las favelas a las 206 delegaciones.

ocupación policial // Absolutamente nada ha conseguido crear un ambiente festivo en la anfitriona. Muy al contrario: la ocupación literal de 67.500 policías y militares de las calles, con sus patrullas en vehículos blindados y el sonido de los helicópteros militares, ha otorgado a la ciudad un ambiente apocalíptico.

Una reciente encuesta publicada por el diario Folha de Sao Paulo reveló que un 50% de los brasileños se declara abiertamente en contra de la celebración de los Juegos y un 63% opinaron que el evento traerá más problemas que beneficios. Y existe un profundo inconformismo de la ciudadanía con un megaevento más y del que todavía no conocen su precio exacto.

Ni lo sabrán, ya que el controvertido alcalde de Río, Eduardo Paes, confirmó hace poco que el coste real de Río 2016 se sabrá “cuando esté todo certinho”, es decir, una vez acaben las competiciones. No vaya a ser que los más de 10.750 millones de euros, que se sabe ya se han gastado en la organización, vayan a sentarles como un tiro a los miles de médicos, profesores, policías y bomberos que llevan meses en huelga exigiendo que se les paguen sus salarios atrasados después de que el gobierno de Río de Janeiro se declarase en bancarrota.

NI LULA NI ROUSSEFF // En ese panorama, no es de extrañar que los sindicatos de la Policía Militar, cansados de jugarse la vida en las favelas con un equipamiento obsoleto, decidiesen protestar hace un mes recibiendo a los turistas en el aeropuerto internacional con la pancarta “Welcome to hell” (“Bienvenidos al infierno”).

A pesar de que la situación ha cambiado mucho desde las graves protestas ciudadanas previas al Mundial de Fútbol de 2014, Brasil sigue desunido por los JJOO. H