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CONGRESO EN MÁLAGA

Los directivos exigen que haya reformas estructurales tras el 10-N

Garamendi pide a la clase política que se siente a hablar de «las cosas de comer»

 

Antonio Banderas, junto al alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, conversa con Fainé. - EL PERIÓDICO

JOSÉ ANTONIO SAU
08/11/2019

El presidente de la Fundación Bancaria La Caixa y de la Fundación CEDE, Isidre Fainé, se sumó ayer a quienes reclaman que, tras las elecciones del próximo domingo, «se abran los oportunos espacios de negociación, con vistas a consensuar las reformas estructurales que el país necesita. Unas reformas que deberían afectar a la calidad del sistema educativo, al correcto funcionamiento del mercado laboral y al diseño acertado del sistema impositivo».

Fainé intervino en el acto de clausura de la XVIII edición del Congreso de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE) en Málaga al que asistieron 1.400 directivos. Para el presidente de la Fundación CEDE, «nos encontramos ante una combinación formidable de fuerzas tecnológicas, sociales y políticas que cambiarán profundamente los mercados en los que compiten nuestras empresas. Nadie se escapará de estos desafíos. De hecho, estamos viviendo ya una nueva era». Ante esa situación hay que intentar anticipar tendencias –consideró– para construir el futuro empresarial. Y el camino para ganar este futuro, en su opinión, «pasa por lograr de manera simultánea el compromiso de los empleados, la fidelidad de los clientes, la satisfacción de los accionistas y el reconocimiento de la sociedad hacia la empresa. Si una empresa es fuerte en estos cuatro aspectos será prácticamente imbatible».

El presidente de CaixaBank, Jordi Gual alertó, en una referencia a la situación política, sobre los populismos que ofrecen «respuestas aislacionistas, generan identidades colectivas artificiales que sirven de refugio a la población». Su intervención tuvo un marcado caracter empresarial, además. Destacó que las empresas tienen una responsabilidad, una función social, con el entorno y la sociedad a la que sirven. «La rentabilidad no debe ser el objetivo directo».

A su entender, la posición cortoplacista perjudica a las empresas. Y aseguró que son las que miran a largo plazo las que tienen menos volatilidad en los ingresos y aseguran a los accionistas un mayor beneficio. Además de poner a las personas y sus necesidades en el centro de su política, recalcó que «la legitimidad del sistema está en juego» y que hay que «contribuir a que se recupere la confianza en el mismo».

En este sentido, el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, señaló que «ha llegado el momento de que la clase política, después del domingo, los llamados a gobernar y a hacer oposición responsable, se sienten en una mesa y hablen de las cosas del comer», por ejemplo de las pensiones.

«Hay que exigir responsabilidad y que se empiece a hablar de lo que nos une y no de lo que nos separa». Solicitó, por tanto, que haya un Gobierno, «el que quieran los españoles», para resaltar luego que los populismos ponen en entredicho la misma existencia de la propiedad privada.

También consideró que hay que prestigiar la figura del empresario y recordó que hay en España mucha economía sumergida, el 22%, frente al 13% de Europa, lo que pone de manifiesto que hay más presión fiscal que la que se asegura. A su vez reclamó unidad de mercado, infraestructuras y reformas educativas.