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Opinión

 

La ventana de la UJI

La resiliencia, un cambio de mirada

 

MÓNICA García Renedo
09/04/2017

La infancia de Tim ha sido un verdadero infierno. Fue un niño rechazado y maltratado por sus padres. A los siete años de edad acabó en un orfanato donde ninguna familia lo adoptó. Sufrió el maltrato y el desprecio de las personas encargadas de su cuidado y por un error administrativo acabó en un hospital psiquiátrico. De allí, fue a parar a un reformatorio, donde aprendió a pelear y a odiar al mundo entero. Con 12 años ya era todo un delincuente. En este caso presentado, parece factible asumir que Tim tiene muchas posibilidades de ser en la adultez una persona con problemas psicológicos y un adulto inadaptado socialmente.

El caso de Tim es un caso real, como el de muchos otros niños con una infancia muy traumática, y en contra de lo que parece un razonamiento de causa-efecto o determinismo, en la actualidad, Tim Guénard es un hombre de 50 años, felizmente casado y con cuatro hijos. Acoge en su propia casa a personas con problemas, a las que orienta y da ánimos para que encuentren nuevos motivos para vivir, ofreciéndoles un techo y una mano amiga. Tim, como otros muchas personas que han destacado en el campo científico (Victor Frank, Beethoven…), son un ejemplo de personas resilientes. Él mismo, en su libro Más fuerte que el odio destaca como «el hombre es libre de alterar plenamente su destino, para lo mejor y lo peor. Yo, Tim Guénard, hijo de alcohólico, niño abandonado, he hecho errar el golpe a la fatalidad. He hecho mentir a la genética. Este es mi orgullo».

Casos tan traumáticos y extremos como el de Tim nos demuestran la capacidad humana que tenemos las personas de, ante situaciones traumáticas severas, superarlas e incluso salir fortalecidas de ellas. Así, debemos asumir que un suceso traumático no es una condición suficiente para el desarrollo de una patología o una vida inadaptada. Precisamente, la resiliencia alude a la capacidad que tenemos los seres humanos de ante situaciones adversas salir fortalecidos. No debemos confundirla con la recuperación, que implica un retorno gradual a la normalidad. La resiliencia no es una capacidad estática, ya que puede variar con el tiempo y con las diferentes situaciones a las que nos enfrentamos.

Así, un niño que ha sufrido una infancia traumática puede no desarrollar ninguna patología considerable pero frente a otra situación como por ejemplo un acoso laboral puede desarrollarla. La resiliencia rompe con unos estereotipos que estamos tan acostumbrados a escuchar «de tal palo, tal astilla», «de un padre maltratador, un hijo maltratador»… En el caso de Tim, como en el de otras personas que han sufrido traumas, existen una serie de factores individuales (control, sentido del humor, optimismo…) y ambientales que nos pueden ayudar a descubrir nuestras fortalezas. Aludiendo a los factores ambientales, un pilar relevante es el apoyo social.

El apoyo brindado por al menos una persona puede ayudarnos o guiarnos en este proceso (en el caso de Tim destaca como una jueza fue una de esas personas que confió en él y le brindo el apoyo que necesitaba). Con ello hacemos referencia a los «tutores o guías de resiliencia» que menciona el profesor Boris Cyrulnik (sufrió la muerte de sus padres en un campo de concentración nazi del que él logró huir cuando sólo tenía 6 años. Tras la guerra, unos vecinos le inculcaron el amor a la vida y a la literatura y pudo educarse y crecer superando su pasado). Estas guías son las que nos aportan afecto, nos acompañan, nos escuchan y hacen sentirnos valorados.

A lo largo de nuestras vidas, aunque no sean tan traumáticas como las del caso de Tim, sufrimos numerosas situaciones adversas en las que se ha visto amenazada nuestra integridad física y/o psicológica, y a pesar de ello somos capaces de salir adelante y darle un sentido a nuestra vida. Ello no quiere decir que las personas no suframos. En una situación así, el sufrimiento es inevitable, e incluso necesario atravesar por un proceso de duelo lleno de dolor. Después de este proceso, pueden quedar en nosotros «huellas emocionales» o «cicatrices» que en determinados momentos nos hacen recordar que la pena está ahí. Es como cuando tenemos un accidente y nos hacemos una herida. Los primeros días y meses nos sangra, nos duele, pero con el tiempo ese dolor va disminuyendo a pesar que nos haya quedado una cicatriz que siempre nos recordará por lo que hemos pasado. Así pues, es normal que desarrollemos vulnerabilidades pero también pueden aflorar o reforzarse algunas características de nuestra forma de ser o nuestras habilidades personales que nos permitan afrontar lo ocurrido y crecer ante la adversidad.

En este sentido, desde el Observatorio Psicosocial de Recursos en Situaciones de Desastre (OPSIDE) de la Oficina de Cooperació al Desenvolupament i Solidaritat (OCDS) con la línea de investigación sobre la resiliencia aplicada a contextos educativos, se han realizado diversas acciones formativas dirigidas a docentes y familias a quienes se les ha dotado de conocimientos y recursos para que incidan sobre las familias como «guías o tutores de resiliencia».

NOTA: En memoria de Mónica García Renedo, fallecida el pasado 13 de marzo, quien hizo del afrontamiento de la adversidad y la psicología positiva su filosofía de vida. Este artículo fue publicado originalmente el 26 de junio de 2011.

*Técnica del Observatorio Psicosocial de Recursos en Desastres (OPSIDE). Oficina de Cooperació al Desenvolupament i Solidaritat (OCDS)