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Aniversario de una oenegé referente en España

"El acceso a la educación tiene efectos muy rápidos sobre la persona"

Moncho Ferrer, director de programas de la Fundación Vicente Ferrer, defiende la necesidad de dotar de herramientas a los más vulnerables. La oenegé celebra este año su vigésimo aniversario

 

Moncho Ferrer, director de programas de la Fundación Vicente Ferrer, que fundó su padre, esta semana en Barcelona. - ÀNGEL GARCÍA

CARME ESCALES
22/09/2019

En 1969, Vicente y Anna Ferrer llegaban a Anantapur (India) con el propósito de ayudar a erradicar la pobreza más extrema. En ello trabajó él hasta el final de sus días (2009), y ella lo sigue haciendo al frente de la Fundación que pusieron en marcha. Moncho Ferrer (Anantapur, 1971) hijo de la pareja, recoge la estela de su padre dirigiendo los programas de un modelo de desarrollo referente en cooperación que beneficia a casi tres millones de personas en India. El sueño de Vicente Ferrer cuenta con 140.000 colaboradores. España es líder en socios y padrinos. 

El año 2007, su padre le pasó el relevo. ¿Cómo lo hizo?

Me dijo: Moncho, ahora te toca a ti. Fue la primera vez que viajé como representante de la Fundación sin él. Tenía mis miedos. La primera charla fue en Sevilla. Allí me di cuenta del cargo, el trabajo que recibía ante la confianza tan fuerte de la gente. Siempre que vengo siento la gran responsabilidad de mantener la fe y confianza de la gente.

¿Qué las ha construido?

La transparencia, no tener nada que esconder, las puertas abiertas siempre y la generosidad de India.

Generosa, pero ¿Cómo respetar su cultura sin obviar su discriminación a la mujer, castas...?

En cualquier parte del mundo hay discriminación en mayor o menor grado y en ningún lugar se erradica de la noche a la mañana. Sí poco a poco y con paciencia. En India la discriminación del sistema de castas es parte de la identidad de cada uno. Eso genera pobreza, por ejemplo al no tener acceso a educación, principal agente de cambio. Hay que enseñar a entender y borrar la discriminación sin miedo a destruir la propia cultura.

¿Cómo?

Sin atacar directamente la discriminación de género o violencia derivada de la tradición de castas, religiones y cultura. Sí a través de la educación y el trabajo con grupos de mujeres. Haciendo fuertes en la no discriminación a cada individuo y grupo, ellos mismos entran a tratarlo. El mundo no sabe el impacto que tiene la educación. Su efecto es muy rápido en la persona. En Anantapur lo más importante ha sido la educación.

Enseñar a pescar y no dar peces, filosofía Vicente Ferrer.

Facilitar herramientas para que la gente encuentre un trabajo es uno de los grandes cometidos de nuestros proyectos.

¿Cuál es la gran lección que su padre le dejó?

Con él aprendí a ser humano, a ayudar a otros a dejar de sufrir, como misión. Él me enseñó que nacemos para ayudar y, en ello -decía- encontrarás felicidad. Soy un privilegiado por sentir la misión de ayudar. Cuando voy a los pueblos y la gente me saluda con una sonrisa, esa es mi energía para seguir trabajando.

¿Qué retos afronta la fundación Vicente Ferrer?

Con motivo de los 50 años de la Fundación, repartimos postales por los pueblos preguntando sobre la experiencia con nosotros y qué querían para el futuro. Aún las leemos. Muchos hablan de miedos que les hemos ayudado a superar, por ejemplo a los intocables. Ahora sabemos que debemos ayudar al mundo desde la persona. También muestran su temor por la sequía y nos piden hacer algo.

En sus viajes a Occidente, constata el contraste de valores, ritmos, vidas materiales..

India no es un país, son muchos países juntos, con problemas mucho más grandes que los de países de Occidente. Pero lo más importante es cómo la gente maneja el problema. Los jóvenes en India, con lo poco que tienen sienten felicidad. Aquí lo tienen todo pero buscan la felicidad, y la felicidad es una sonrisa.

¿A quién pasará usted el relevo en el futuro?

Esa es otra responsabilidad, construir la organización de manera eficaz y sólida para continuar el proyecto al margen de quien tome el relevo. No sé si mis dos hijas... La mayor, de 17 años, ya siente interés en participar los fines de semana y vacaciones en la escuela inclusiva.

¿Piensa a menudo en su padre?

Siempre. Él me da la fuerza para todo esto.