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Las consecuencias de un mundo acelerado

Reivindican el lado positivo del tedio en pleno auge de la ociofobia

El alto nivel de estimulación hace que cada vez se necesite más actividad y hace eterno el estrés. Los expertos aseguran que el tiempo de inacción fomenta más creatividad y el desarrollo interior

 

INMA FERNÁNDEZ
22/04/2017

Tenemos que desacelerar. Tomarnos una pausa e intentar paliar la enfermedad de la prisa, de no perder el tiempo. Necesitamos abrazar el tedio y valorar el tiempo de inactividad». He aquí una de las conclusiones de la psicóloga inglesa Sandi Mann, que ha investigado sobre el aburrimiento y descubierto su lado positivo en un momento de pleno auge de la ociofobia y cuando el 80% de los españoles asegura que viven en situación de estrés. Lo explica en el libro El arte de saber aburrirse.

¿Por qué hoy, con la cantidad de estímulos que tenemos, parece que estemos más aburridos que antes?, se planteó la experta de la Universidad de Lancashire (Reino Unido). «Nos hemos acostumbrado a una estimulación cada vez mayor. Necesitamos más acción, más novedad, más emoción. Nunca tendremos suficientes estímulos. Intentamos no caer en el aburrimiento, hacer todo tipo de cosas, pero no lo logramos», argumenta. No toleramos la rutina de la vida cotidiana.

ESTIMULACIÓN // Los niños sufren la misma adicción. «¿Cómo es posible que se aburran si están interactuando todo el día con pizarras magnéticas, con el iPad, cosas emocionantes? Pues, por eso. Porque se acostumbran a un alto nivel de estimulación y nunca tienen suficiente», apunta Mann, que anima a darse el gusto de aburrirse y romper asociaciones maliciosas, como la que vincula la ocupación y el estrés a ser alguien importante. «Cuando nos aburrimos nos volvemos más creativos porque dejas volar tu imaginación y consultas tu inconsciente». El aburrimiento puede ser catalizador de la reflexión, la inspiración, el humor...

La filósofa Begoña Román corrobora la importancia de un aburrimiento que propicia «el monólogo interior y conduce a la búsqueda más autónoma y espiritual». Pero hoy no tenemos tiempo de encontrarnos con nosotros mismos. «Nos han expropiado la vida», advierte. «Deberíamos imponernos el hábito de no hacer y aprender a gestionar el vacío de la acción, pero ahora todo está dirigido al consumismo», indica.

Román critica esta «sociedad del cansancio» incapaz de poner el freno ni en vacaciones. «Dedicamos el tiempo de descanso a hacer más cosas. Sentimos que no hacer nada denigra». Una asignatura también necesaria para los pequeños. «Tienen una vida planificada por los adultos. No les dejan espacio para buscar sus recursos, como disfrutar con el simple paso de las nubes».