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El Periódico Mediterráneo

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Francesc Colomer

Sucedió en Chueca

Resulta delirante que se insinúe la existencia de un ardid gubernamental para causar estos acontecimientos

La irrupción de un grupo de neonazis en el madrileño barrio de Chueca constituye uno de los episodios más repugnantes de las últimas décadas. La escenografía intencionadamente paramilitar evocaba aquellas estampas de odio indisimulado hacia quienes son declarados seres inferiores.

Igual es un error de percepción, pero allí estaban, desfilando con desafiante bravuconería aquellos que, sintiéndose envalentonados, ya perdieron toda mesura y observancia constitucional. Escoger ese barrio y protagonizar una incursión con aroma de cacería y cánticos claramente delictivos en un estado de derecho como el nuestro, no es una anécdota. Creo que han cruzado todos los límites. Fundamentalmente, los de la paciencia y la tolerancia de toda sociedad que se sienta concernida por los valores de los Derechos Humanos. Karl Popper formuló su paradoja de la tolerancia postulando que si una sociedad es ilimitadamente tolerante, su capacidad real de ser tolerante quedará destruida por los intolerantes. Invita a pensar.

Ni entiendo cómo pudo consentirse semejante exhibición de odio ni termino de comprender el papel de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Solo son las dudas de un iluso que pensaba y sigue pensando que no vive en un país que acepta impunemente y naturaliza expresiones como «fuera sidosos de Madrid» o «fuera maricas de nuestros barrios». Creo que aquellos que, como diría Chaplin, han vuelto marcando el paso de la oca, se han pavoneado sin pudor porque esas ideas ya se han asomado a los parlamentos y ocupan espacios crecientes en la opinión pública o, mejor dicho, publicada (interesante distinción atribuida a Immanuel Kant).

Por otra parte, resulta delirante que se insinúe la existencia de un ardid gubernamental para causar estos embrutecedores acontecimientos. Debe ser otra conspiración de la factoría judeomasónica. Bromas pesadas aparte, parece que algo falló estrepitosamente y a plena la luz del día.

Estamos en 2021. Sabemos que la historia no avanza necesariamente en línea ascendente. La dignidad humana no es un valor fijo e inmutable. Observando esas imágenes del carismático barrio de Chueca no resulta extraño establecer cierta semblanza con los desfiles antisemitas y los pogrom (aquellas purgas de trágico recuerdo). No podemos permitirnos más romerías impúdicas cuyo manual de estilo rememora noches de cristales rotos. Nuestra democracia, en su enorme generosidad, está permitiendo que el discurso del odio (al inmigrante, al extranjero, al diferente, al alter cultural) se haya incrustado en las instituciones, los escaños e incluso -por acción u omisión- en algunos ejecutivos. La calle siempre jalea lo que otros susurran desde las moquetas.

Sé que hoy, 27 de septiembre, es el Día Internacional del Turismo. Pudiera parecer otra cosa pero desde el primer renglón he tratado de exaltar el valor supremo de la hospitalidad. Sí, la hospitalidad, ese don que brilla cuando el otro es considerado territorio sagrado para uno.ace 3.000 años el oprobio ya recaía en aquel que no abriera su puerta al extranjero. La Comunidad Valenciana es territorio LGBT friendly. Somos turismo inclusivo, sin fronteras, sin complejos, sin odios.

*Secretario autonómico de Turismo

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