Los movimientos que podrían reactivar a medio plazo el desarrollo del programa urbanístico Espai Vila-real, que se ubica frente a las instalaciones principales de Porcelanosa y ocupa una superficie de cerca de un millón de metros cuadrados, empiezan a producirse, meses después de que Bankia vendiera su parte --llegaba al 95% de los terrenos-- a nuevos inversores, en este caso a la empresa Blumaq, con sede en la Vall d’Uixó; y a algunos socios del despacho de abogados Broseta. Por su parte, Porcelanosa mantiene algo menos de un 5% de participación de la superficie.

Por el momento, se ha hecho público el interés por resucitar el programa Espai Vila-real por parte de los nuevos propietarios mayoritarios, si bien no existe un proyecto concreto. Mientras, desde el Ayuntamiento dicen desconocer cualquier movimiento.

Sin embargo, todo apunta a que el objetivo de la operación pasa por dar salida al suelo que, aunque sin un destino concreto, sería mayoritariamente de uso industrial --poco menos de la mitad--, al que seguiría en orden de importancia la actividad comercial y de servicios, con una pequeña parte de casi 40.000 m2, que asignarían a levantar hoteles.

Ocho años lleva paralizada esta iniciativa, que tenía una inversión prevista de 30 millones de euros y de la que se puso la primera piedra en mayo del 2011, pocos días antes de las elecciones municipales, con asistencia del entonces presidente de la Generalitat, Francisco Camps.

Unos meses después, los trabajos quedaron paralizados, aunque no fue hasta mediados del 2013 cuando la urbanizadora, Medi, y los promotores de la iniciativa solicitaron al Ayuntamiento la suspensión temporal del programa durante dos años.

Sin embargo, la crisis empezó a hacer mella en el que llegó a ser el proyecto estrella de Vila-real, del que en sus inicios incluso se habló de la instalación de un Ikea y, posteriormente, de un Bricor.

ESCASO DESARROLLO // Con todo, el porcentaje de ejecución de la urbanización se quedó en un escaso 5%. De hecho, únicamente llegaron a arrancar los naranjos de las fincas --en su mayor parte, ya abandonadas--, sin ni siquiera ejecutarse ni un solo metro del entramado viario del polígono.

La crisis golpeó de lleno a este macroproyecto, hasta el punto de que el suelo --a excepción del 5% que sigue en manos de Porcelanosa desde el principio-- pasó a manos de los bancos acreedores que, posteriormente, fueron adquiridos por una única entidad financiera (Bankia), que de la misma forma acabó vendiendo los mismos a cuatro socios del despacho de abogados Broseta por tres millones --la sociedad estatal Tinsa los valoró un año antes en 11,6 millones--, en una operación que culminó a mediados del 2016.

Ahora es la mercantil Blumaq, dedicada al suministro de repuestos y productos de mantenimiento para maquinaria de obras públicas y movimiento de tierras, con sede en la Vall, la que lidera el plan para desbloquear el desarrollo de Espai Vila-real, un proyecto que en el 2011, cuando se colocó la primera piedra, se preveía una inversión próxima a los 50 millones de euros, a la vez que se anunció la generación de unos 4.500 puestos de trabajo.