Suscríbete

El Periódico Mediterráneo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

VILLARREAL CF

La opinión de José Luis Lizarraga | Entrenadores groguets

Unai Emery, en el Villarreal-Young Boys de Champions League.

Fernando Roig Negueroles podría contar mil historias de entrenadores del Villarreal. El consejero delegado es la persona que lleva el peso de la gestión del club de forma directa, aunque no aparezca en la foto, ni él tenga interés alguno en salir. Su única preocupación es que el club funcione y tenga una buena salud económica. Ambas cosas van por el buen camino. Es evidente que él mantendrá el secreto de confesión. No es mi caso. No han pasado por el Villarreal malos entrenadores. Marcelino, Pellegrini y Emery formarían la terna de los mejores en mi opinión.

En este tiempo, recuerdo anécdotas sonrojantes. De Juan Carlos Garrido no tendrían cabida en este espacio. Desde mandar colocar sus iniciales en el asiento del autobús del equipo, hasta mandar a comprarse un suéter a un empleado al centro de Londres en una concentración del equipo, con 200 euros de taxi al cargo del club, las charlas didácticas que ofrecía a los pobres periodistas que seguían el día a día del Submarino o la humillación a un tipo excepcional como Joan Capdevila. Siendo justos, tenía buenos conceptos como técnico.

Manuel Pellegrini forjó su carrera en Vila-real. Tiene ascendencia sobre el grupo. Detrás de su porte distante, estaba un hombre paternal y hasta permisivo con los futbolistas. Seguramente ha sido de los técnicos que menos tiempo le dedicaba a su trabajo, porque el golf era su otra pasión. Se ganó el respeto y todos guardamos silencio sobre un incidente que le ocurrió en un hotel de Glasgow. Siempre recordaré los sorteos de coches u otros regalos de final de temporada a la plantilla. Un hombre educado y preparado, que estuvo cerca de regresar no hace demasiado.

Marcelino García Toral estaría entre los tres mejores. Su obsesión con el peso (fundamental para un deportista, no lo olvidemos), el análisis exhaustivo del rendimiento, el control que ejercía sobre el vestuario y cómo exprimía a los futbolistas mantuvieron al club siempre en lo más alto. El ascenso a 1ª, en un año muy complicado, inolvidable. Su gran error fue no saber administrar el poder y saber que el papel de un técnico es apagar los fuegos, no encenderlos. El episodio de A Coruña con Musacchio, en el que le fallaron las formas, no la razón, precipitó su salida. Tiene personalidad, inteligencia y trabaja al máximo. Un técnico top.

Recuerdo con cariño a Benito Floro y a Víctor Muñoz, ambos apartados ya del ruedo. El primero tuvo personalidad para dejar fuera de una lista a Riquelme y también el valor de presentar la dimisión en el vestuario tras una derrota en Zaragoza. En su momento, fue un adelantado del fútbol y creó escuela. Sobre Víctor, no me pareció justo el trato que le dispensó Diego Cagna en una entrevista en Argentina, porque si algún defecto no tenía el aragonés era la valentía a la hora de plantear los partidos. Sí, pero como la leyenda dice, era muy cabezota. 

Javi Calleja, que viene con la soga al cuello en el Alavés después de haberlo salvado milagrosamente y con una de las peores plantillas de Primera, llegó sin experiencia al banquillo de la Cerámica y poco a poco se fue formando como un buen técnico. Un romántico del buen fútbol. La decisión más difícil de Negueroles fue rescindir su contrato cuando había quedado quinto, pero el club buscaba un entrenador con experiencia. Emery ganó el primer título y merece un Directo a parte. El fútbol es su pasión y con Marcelino, una máquina de trabajo. Historias de banquillos. 

Compartir el artículo

stats