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El Periódico Mediterráneo

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testimonios de afectados y sanitarios

Dos años de covid en Castellón: rostros de la pandemia

Esta semana se cumple el segundo aniversario de la detección del primera caso diagnosticado en Castellón a un joven de Burriana

Imagen del centro de Castelló. ANDREU ESTEBAN

Los dos últimos años habrán pasado rápido para algunos y muy lento para otros, pero lo que todos los castellonenses comparten es que, sin duda, habrá un antes y un después de la pandemia. Esta semana se han cumplido dos años desde que se detectara el primer caso de coronavirus en la provincia de Castellón y uno de los primeros en España

Fue un martes, en plenos preparativos de las fiestas de la Magdalena y Fallas, cuando Sanitat notificó una infección por covid-19 en el Hospital de la Plana de Vila-real, que justo aquella jornada había realizado un simulacro para comprobar los protocolos ante la hipotética llegada al centro de un paciente con coronavirus. Lo que se planteó como un futurible escenario se convirtió en una realidad en muy pocas horas. El virus procedente de China del que los medios de comunicación se hacían eco desde hacia días, porque ya estaba poniendo en jaque al norte de Italia, había llegado para quedarse.

Era el principio de la pandemia, aunque en aquel momento nadie podría vislumbrar las consecuencias sanitarias, sociales y económicas que comportaría.

Imagen de archivo de una sanitaria en la zona covid del Hospital de la Plana. GABRIEL UTIEL BLANCO

Paciente cero

El paciente cero fue un joven de Burriana que había estado en una despedida de soltero en Milán con un grupo de amigos. Empezó a sentir ciertos síntomas y llamó por teléfono al adjunto del Servicio de Urgencias de la Plana, Salvador Domenech, a quien conocía porque eran los dos de Burriana. De inmediato, el doctor le citó en el hospital y fue allí donde, tras hacerle las pruebas pertinentes, se le diagnosticó oficialmente el virus.

Desde aquel día han pasado dos años marcados por una enorme presión asistencial para hacer frente a un virus que todavía a día de hoy encierra muchas incógnitas sobre su comportamiento a la hora de la transmisión. La sanidad redobló esfuerzos y se volcó en una lucha incesante por salvar vidas a contrarreloj con los pocos recursos de los que se disponía. Sin duda, fueron las residencias las que sufrieron el peor revés debido a la vulnerabilidad de los usuarios. El balance de víctimas mortales supera el millar.

Confinamiento inaudito

Fue ahí cuando llegó un largo confinamiento domiciliario que nadie recordaba hasta la fecha y que duró casi hasta el verano, cuando se intentó retomar cierta normalidad, pero el virus volvió a golpear.

También fue tráfico el balance que dejó a principios del 2021 cuando la vacunación llegaba en cuenta gotas por la falta de viales. Fue la tercera ola de la cual se salió con duras restricciones que han atizado con fuerza a algunos sectores como el de la hostelería y el del ocio. Ahí empezó a avanzar la inmunización que se completó el pasado verano, aunque no se evitó entonces el estallido de contagios entre los jóvenes, pero la mayoría fueron leves.

Una parte de los contratos de refuerzo covid se ha destinado a los equipos de vacunación contra el coronavirus. MANOLO NEBOT ROCHERA

Con la inmunización se creía que la batalla estaba ganada, pero no ha sido así como ha dejado patente la sexta ola de la cual todavía la provincia está saliendo, aunque lo hace con más velocidad de lo esperado. Sin duda, el grueso de los cerca de 156.000 contagios en Castellón se han producido desde diciembre hasta finales de enero. La vacuna ha permitido proteger a los vulnerables y el grueso de positivos han sido leves. 

«Nuevo tiempo» 

El pasado martes la Comunitat eliminó las pocas restricciones que seguían vigentes, como el pasaporte covid, aunque se mantiene en residencias. A esta medida solo hay que sumar el uso de la mascarilla en espacios interiores. Es el comienzo de un «nuevo tiempo», como anunció el president de la Generalitat, Ximo Puig.

Un futuro en el que hay que poner el énfasis en las secuelas económicas que los fondos europeos de reconstrucción aspiran a mitigar, pero, especialmente, en las sanitarias. Muchos de los contagiados sufren el llamado covid persistente a lo que hay que añadir los problemas de salud mental.

Los testimonios

Equipo de la UCI del General de Castelló liderado por el doctor Roberto Reig. Mediterráneo

«El aluvión de pacientes críticos que llegaba todos los días fue un reto sin precedentes»

Luchan a diario por salvar vidas, una entrega que se ha puesto todavía más de manifiesto durante la pandemia. El jefe del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital General de Castelló, Roberto Roig, hace balance de los dos años de pandemia. Recuerda el estallido del virus como los días «más duros de mi vida profesional y personal, la gran prueba de fuego que supuso la pandemia superó cualquier experiencia previa». «El aluvión de pacientes en estado crítico que nos llegaba todos los días supuso un reto organizativo sin precedentes para intentar darles el mejor apoyo posible, y el gran desconocimiento de la enfermedad y su tratamiento fueron factores determinantes de la gran mortalidad que generó la primera ola pandémica», relata.

«Ha habido muchos momentos críticos, pero probablemente el peor fue cuando llegamos al límite máximo de nuestra capacidad asistencial y teníamos la certeza de que el paso siguiente sería literalmente la medicina de guerra», explica el doctor Roig, al tiempo que aclara que, afortunadamente, «este momento tan temido nunca llegó».

El equipo sanitario de la unidad de cuidados intensivos (UCI) fue durante meses el que los atendió, pero también el que acompañó a personas que no pudieron superar el covid. «Desgraciadamente, uno de los aspectos más trágicos y con mayor impacto psicológico en los trabajadores sanitarios ha sido la soledad de los pacientes y de sus familias. Esta situación, contraria a la filosofía básica de la humanización de la sanidad, promovió el mejor de los sentimientos entre la plantilla de la UCI. Se cuidó a cada uno de los pacientes y a sus familias con el mayor cariño posible, y en esos momentos la complicidad humana superó las obligaciones sanitarias», remarca el responsable de este servicio.

«Desde una perspectiva profesional y personal, la pandemia ha supuesto toda una cura de humildad. Todos los avances tecnológicos, estructuras asistenciales y conocimientos científicos disponibles han sido superados por un microorganismo de nueva aparición. Las epidemias estaban en nuestra mente como algo del pasado remoto y el covid nos ha enseñado como la naturaleza, en sus múltiples manifestaciones, puede hacer tambalear las estructuras asistenciales más sólidas», indica. «También he aprendido que la entrega profesional puede llegar a cotas de esfuerzo insospechadas y que la solidaridad y la humanidad se manifiestan notablemente en los momentos de crisis», agrega.

Pili Pallarés, vecina de Morella, venció la batalla contra el covid-19 en marzo del 2020. JAVIER ORTÍ

«Fuimos de los primeros  en tener el coronavirus»

Pili Pallarés, vecina de Morella, venció la batalla contra el covid-19 en marzo del 2020. Con todo el país confinado desde hacía pocos días Pili y su familia pasaron semanas de miedo e incerteza por una situación que, en aquel momento, era de total incertidumbre. «Fuimos de los primeros en Morella en tener la enfermedad. Mi suegra, que estaba en la residencia, falleció de covid-19 y tanto yo como mi marido pasamos la enfermedad entonces, fue muy duro», señala con tristeza. 

La residencia de la capital de Els Ports fue la primera en registrar un brote mortal que acabó con la vida de más de 20 usuarios del centro en pocas semanas.

Dos años después y con las perspectiva que da el tiempo, Pili destaca la buena vecindad y los servicios que puso el consistorio de Morella. «El ayuntamiento se volcó para facilitarnos la vida a todos los que estábamos enfermos y confinados, fueron servicios muy importantes y que agradecemos mucho». Tanto ella como su marido se recuperaron bien y, afortunadamente, no sufren secuelas. Informa Javier Ortí.

Sara Haro lleva desde el inicio de la pandemia arrastrando los síntomas del virus, el llamado covid persistente. Mediterráneo

«Sigo teniendo brotes y mi vida no puede ser la de antes»

Sara Haro tiene 34 años y vive en Vinaròs. Lleva desde el inicio de la pandemia arrastrando los síntomas del virus, el llamado covid persistente. «Me contagié en marzo del 2020 y he tenido numerosas infecciones pulmonares, cefaleas y niebla mental. Finalmente, conseguí que Medicina Interna del Hospital de Vinaròs me atendiera y fue ahí cuando me derivaron al neurólogo que me prescribió una medicación con la que he conseguido ir remontando, aunque sigo teniendo brotes y mi vida nada tiene que ver con la que tenía antes de contagiarme», señala una de las coordinadoras de enfermos de covid persistente de la Comunitat. Un colectivo que reclama una mejor atención sanitaria e invertir en investigación para lograr acabar con esta patología reconocida el pasado mes de agosto por la Organización Mundial de la Salud». «Llevo casi dos años con esto pero no pierdo la esperanza de que pase», señala esta vecina de Vinaròs.

Francisco Solsona, vecino de Portell, es un auténtico superviviente de la pandemia. JAVIER ORTÍ

«Me salvaron la vida, en el hospital estuve 45 días»

Francisco Solsona, vecino de Portell, es un auténtico superviviente de la pandemia. En su caso contrajo el covid en abril del 2020, durante la primera ola de coronavirus. La dolencia se cebó con él y estuvo ingresado 45 días en el hospital, 33 de los cuales en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Dos años después Solsona está completamente recuperado y reitera su agradecimiento con los sanitarios. «Yo solo tengo palabras de agradecimiento, a mí me salvaron la vida, me cuidaron mucho y aún hoy siguen pendientes de mí», señala. 

Francisco tuvo que lidiar con un virus que fue particularmente duro con él. Según rememora, «llegue a perder 22 kilos y mucha masa muscular, me costaba respirar y estaba cansado de hacer cualquier mínimo esfuerzo. La recuperación ha sido muy larga, pero afortunadamente he salido bien», celebra. Con todo, Solsona reitera «la importancia de vacunarse, de seguir las recomendaciones sanitarias y de no olvidar nunca como los sanitarios lo dieron todo para salvarnos». Informa Javier Ortí.

La enfermera de atención primaria Arantxa Guerediaga ha estado al pie del cañón en la vacunación. Mediterráneo

«Hay gente que ha llorado de emoción al vacunarse»

La enfermera de atención primaria Arantxa Guerediaga vivió en su centro de salud «el miedo» y la incertidumbre del estallido de la pandemia, pero también la esperanza cuando llegó la vacunación. Fue una de las integrantes del equipo de inmunización del vacunódromo del Auditori de Castelló. «Al principio la gente venía muy emocionada y con muchas esperanzas de que todo iba a acabar por fin. Había quien de la emoción al pincharlo se ponía a llorar y otros nos dejaban cartas de agradecimiento o nos traían bombones y nos daban las gracias», explica esta enfermera en cuanto a algunas anécdotas vividas. «Hemos antepuesto nuestra vocación de cuidar por delante de todo. Me siento muy orgullosa de ser enfermera», remarca.

«Estamos muchísimo mejor pero me da un poco de miedo decir que ya hemos ganado la batalla al virus. Seamos prudentes que ya nos queda muchísimo menos para ganarla» afirma Arantxa a modo de mensaje de prudencia.

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