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Viaje a la zona cero del incendio de Bejís

Las aldeas de esta localidad, donde se originó el fuego que ha calcinado 20.000 hectáreas, son ahora islas rodeadas de terreno quemado

Así se ve desde el aire la zona cero de Bejís

Así se ve desde el aire la zona cero de Bejís Germán Caballero

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Así se ve desde el aire la zona cero de Bejís Mateo L. Belarte

El Puesto de Mando Avanzado desplegado en la estación de bomberos de Jérica para luchar contra el incendio de Bejís presentaba este jueves un aspecto muy diferente al de jornadas previas. Todavía trabajan sobre el terreno decenas de bomberos y un avión vigila desde el aire posibles rebrotes del fuego, pero en el centro de control se respira otro ambiente. Apenas quedan técnicos de coordinación del operativo y ya no se amontonan en su exterior las decenas de vehículos de extinción que iban y venían, haciendo sonar sus sirenas, hace unos días.

Aunque la comunicación es constante y no se baja la guardia, esa relativa calma es sin duda la prueba de que el fuego está bajo control tras haber arrasado en torno a 20.000 hectáreas. Pero quedan las cicatrices en forma de parajes ennegrecidos y persiste el olor a quemado. La escasa presencia de medios aéreos permite a este periódico, en coordinación constante con el Puesto de Mando Avanzado y con la supervisión de Emergencias, tomar las primeras imágenes aéreas de la zona donde se desató el infierno el pasado 15 de agosto y que terminó extendiéndose hasta formar un perímetro de 140 kilómetros.

Imagen de Bejís, donde se originó el fuego, rodeada de un paisaje completamente calcinado. German Caballero

La vista de pájaro es desoladora. Las poblaciones más afectadas como Bejís emergen hoy como pequeñas islas de color entre tanto negro, evidenciando cómo los equipos de extinción priorizan los núcleos urbanos en la lucha contra el fuego. En esta localidad y algunas de sus aldeas como Arteas de Abajo se aprecia que el fuego quedó a pocos metros de las casas, pero finalmente se evitaron males mayores. 

Pero a su alrededor no se ha salvado nada. O casi nada. Porque casi en cada masa boscosa calcinada se aprecian pequeñas concentraciones de árboles rebeldes, todavía verdes. Esas manchas discontinuas, dicen los expertos, son la demostración de los vientos erráticos que soplaron en la zona durante los días críticos y que hicieron imposible poder plantear una estrategia de ataque al fuego, porque su aleatoriedad impedía prever su avance. Las copas quemadas también dejan constancia de la fiereza de las llamas.

La rutina se abre paso

Algunas previsiones apuntan a que recuperar estos parajes puede llevar hasta medio siglo, pero la vida sigue en Bejís y su entorno. Varios vecinos de Arteas de Abajo combatían ayer la tristeza dándose un chapuzón, entre árboles quemados, en una poza que forma se forma en el río que rodea la aldea. A pocos kilómetros de ellos, en una plaza de Bejís repleta de gente en los bares, operarios vuelven a colocar la decoración luminosa que fue retirada cuando el fuego frustró sus fiestas patronales. A partir del 2 de septiembre se tomarán la revancha. 

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