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FÚTBOL

El fútbol callejero, en peligro de extinción en Castellón

La evolución de la tecnología, los nuevos hábitos de consumo y la pandemia son algunos de los motivos que han llevado al sector joven a estar más cerca de las pantallas que del balón

El fútbol en la calle, en peligro de extinción en Castellón

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El fútbol en la calle, en peligro de extinción en Castellón Aitor Aguirre

¿Se está perdiendo la tradición del fútbol callejero? ¿Gana fuerza en su relevo jugar al fútbol virtualmente con el FIFA? Coges tu pelota preferida, sales de casa, tocas el timbre de tu amigo y vais al parque del barrio, al de toda la vida. Antes, tus padres te habían recitado unas frases que ya te sabes de memoria: “Si el balón sale fuera, no vayas a por él” o “mirad bien en los pasos de cebra antes de cruzar”. El caso es que llegas y te encuentras con los amigos de tu zona. Unos juegan a fútbol, otros montan en bici o intercambian tazos de pokemon. De los futboleros puedes ser el mejor o el que simplemente el que da sus primeras patadas al balón. No importa, juegan todos. Partidos interminables, porterías improvisadas con un par de chaquetas. Una siempre más grande que la otra y unas normas curiosas que se mantienen con cuentagotas.

Esta forma de jugar al fútbol en la calle ha ido perdiéndose progresivamente por diferentes razones. Los tiempos ya no son los mismos, la pandemia ha provocado un impacto negativo y las formas de entretenimiento se han digitalizado por completo. La evolución de las PlayStation, las Apps de los móviles, Youtube, Twitch, Instagram o Tik Tok, han generado incluso mayor dependencia de las nuevas generaciones sobre estos dispositivos.

Pero no a todos, todavía hay jóvenes que juegan al fútbol como hace una o dos décadas. Uno de los lugares donde se mantiene esta tradición es en el campito situado en frente del Javier Marquina, en el Grao de Castelló.  Eric es uno de esos chicos que conserva la tradición del fútbol de carrer, que junto a sus amigos de entre 10 y 13 años lo practican a diario: “Me encanta este fútbol y venimos aquí siempre”. El joven confirma que siguen vigentes algunas de las antiguas leyes futbolísticas no escritas: “Para elegir portero, como normalmente nadie quiere serlo, hacemos una carrera desde el medio del campo y el último en tocar el palo se mete”. “O el más pequeño de todos, esto ya es una tradición”. comenta uno de los jóvenes.

El fútbol en la calle en Castellón

Las reglas del fútbol de calle

Juegan partidos como los de antaño: chillidos, discusiones, celebraciones, piques y entre todo ello un esférico como protagonista. Se juntan alrededor de unos 15 chavales y disputan un triangular que consiste en realizar partidos rápidos al mejor de dos goles, el que gana sigue jugando, y el que pierde… a esperar para la revancha.

Al no haber árbitros, tienen que ponerse de acuerdo para pitar las faltas, lo cuál conlleva algún que otro desencuentro. “En las jugadas dudosas hacemos el penalti o gol. El equipo rival es quién determina si recibe el tanto o la pena máxima”, comenta Eric. Tampoco existe el fuera de juego y el más listo de la clase que se queda arriba esperando el pase. En los anteriores generaciones no estaba bien visto y se le llamaba: “chupapostes”. Otra de las máximas era que daba igual el resultado, podías ir perdiendo 20-0, el encuentro se decidía con el mítico: “el que marca gana”.

Del fútbol a la 'play'

La otra vertiente, la más común en la actualidad, se rige por un patrón repetido. Coges el móvil, enciendes la play o el ordenador y mientras visualizas las historias de tus seguidores te preparas para una partida al FIFA o para ver el directo de tu streamer favorito en Twitch o YouTube.

Marcos Ramírez Barba, de 13 años, es un joven que juega a la PlayStation 4 y consume este tipo de contenidos, pero que compagina con el fútbol, otra de sus pasiones. Es jugador del Infantil del Drac y confiesa que antes le dedicaba demasiadas horas: “Empecé a jugar a los videojuegos a los seis o siete años. Me gusta el FIFA y el Fornite”, dos de los más famosos entre la juventud”. Marcos explica que juega con sus amigos y que lo más importante es divertirse y pasar un buen rato junto a ellos: Hoy por ejemplo he jugado poco, porque estoy también con el instituto. En verano puedo llegar a estar unas 3 o 4 horas diarias”.

En muchas ocasiones, los jóvenes se frustran y sacan lo peor de sí cuando pierden o no consiguen sus objetivos: “Antes sí que me enfadaba mucho, ahora no tanto. Cuando era más pequeño me frustraba”. Unas conductas que pueden crear adicción, como le ocurrió a un joven castellonense , y que causan un aislamiento social. El propio Marcos reconoce que tuvo épocas en las que salía poco: “Ahora como tengo más amigos salgo a jugar con ellos, antes me quedaba en casa”.

LOS DISTINTOS HÁBITOS DEL HERMANO MAYOR

Han crecido en dos generaciones distintas. Su hermano mayor es Cristian Moreira Barba (26 años), ha vivido la época de mayor auge del fútbol callejero en Castellón y lo recuerda con nostalgia: “Cuando jugábamos en el barrio eran muchas más horas y apenas jugábamos a las consolas. Incluso nos tenían que llamar nuestras madres para dejar los partidos y volver a casa por la noche”. Además, argumenta que ese tipo de fútbol mejoraba la calidad de los chavales: “Se ganaba en calidad y descaro”: Y recuerda una norma en especial: “El mejor del equipo nunca se metía de portero y claro siempre era yo”:

Respecto al cambio de consumo entre la juventud, Cristian es contundente: “Ahora acaban los deberes y prefieren estar más horas en el ordenador, en la videoconsola o en los móviles. Creo que se está creando mucha adicción. Los jóvenes cada vez tienen menos relaciones sociales”. Y por ello insiste en que su hermano compagine ambas, pero siempre con conocimiento, y que no deje de salir con sus amigos y disfrutar las amistades en persona, finalizando con una de sus anécdotas: “Casi todos los días discutía con mi hermano porque no me dejaba jugar”.

En definitiva, las formas de entretenimiento siguen cambiando, pero todavía hay esperanza con los jóvenes que mantienen esas tradiciones y que lo compaginan con unos nuevos hábitos que conducen a una mayor presencia en las redes sociales, en los videojuegos y en las pantallas. El fútbol de calle, una tradición que no puede morir.

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