Suscríbete

El Periódico Mediterráneo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Paco Mariscal

Al contrataque

Paco Mariscal

‘O vere Deus’ (I)

Uno recuerda al maestro Àlvar cuando la sequía maltrata las tierras valencianas, junto al resto de tierras peninsulares y europeas

Vecinos y allegados de este insoportable agosto junto a las orillas del Riu Sec. Nuestros antepasados se encomendaban al Santo de Israel en cuanto llegaban las desgraciadas sequías, pandemias o guerras. Entonaban entonces el O vere Deus desde Upsala a Gibraltar y desde los Urales y desde Polonia a Portugal. Era una corta plegaria en latín que memorizaban con facilidad. La olvidamos ya hace muchas décadas, aunque nos la recordó no hace tanto el estudioso Àlvar Montferrer i Monfort. Y uno recuerda al maestro Àlvar cuando la sequía maltrata las tierras valencianas, junto al resto de tierras peninsulares y europeas. Toneladas de peces flotan muertos sobre las aguas del Oder, y arde el bosque en la verde Francia o por Galicia, y el bajo nivel de las aguas está poniendo en peligro el tráfico fluvial por el mítico Rin tan presente en las óperas de Wagner. Aquí se nos erizó el vello con la llegada de la humareda procedente de les Useres o del Alto Palancia. O vere Deus, dona nobis pluviam caelis. Que las nubes derramen sus lluvias, imploraban nuestros ancestros, y que el Todopoderoso olvide nuestras faltas y deméritos. Solían prometer también al Altísimo perseverancia en la fe, una fe que demostrarían mediante romerías penitenciales o cualquiera otra manifestación pública de carácter religioso.

Aquel pueblo creyente se veía también y periódicamente castigado o diezmado por pestes, plagas y pandemias. O vere Deus, dona nobis salutem. Con la enfermedad y los muertos a cuestas se dirigían de nuevo al Dios del Sinaí, aunque, encolerizados y antisemitas, buscaban casi siempre un culpable. El causante de la pandemia siempre lo encontraban en el judío que envenenaba fuentes, pozos y arroyos. Àlvar Montferrer nunca nos dijo que hubiese en aquella época negacionistas, y eso que sus investigaciones y estudios, ya publicados, siempre fueron puntillosos. De aquella realidad del pasado tenía muestras suficientes en el País Valenciano. Y, sobre todo, en las comarcas castellonenses por donde Sant Pere de Castellfort, por donde la romería de la Magdalena, junto al Riu Sec, por donde les Useres o Sant Joan de Penyagolosa.

Ahora y durante el covid, no hemos implorado la ayuda del Dios de Abraham y Jacob. Los fallecidos por estos pagos castellonenses superan con mucho el millar. Del número de enfermos hospitalizados hemos perdido la cuenta. Hemos soportado demasiada solidaridad inútil, que se manifestaba en palabrería hueca, como los minutos de silencio en los plenos del consistorio municipal de Castelló. Y hemos lamentado la presencia de una minoría irracional y absurda de negacionistas. Una presencia reprobable cuando aumentaba el número de fallecidos y enfermos a nuestro alrededor.

Con desparpajo vociferaba el negacionismo del incordio que el índice de mortalidad era el normal, o que la pandemia se eliminaba con lejía como les enseñó su adalid Trump, o que quienes utilizábamos y utilizamos la mascarilla preventiva éramos tontos del culo, o que los gobiernos europeos, incluido el hispano, eran manipuladores y ocultaban la verdad, o… Porque la verdad era monopolio de esos mismos negacionistas. A estas alturas del covid, caben pocas dudas sobre la manipulación que hizo el negacionismo, y sigue haciendo, de una pandemia que todavía no finalizó. Una manipulación interesada con una finalidad política de carácter partidista, o mejor sectaria. O vere Deus. En Berlin el negacionismo intentó asaltar el Parlamento de los alemanes el 2020; aquí tachaba a Pedro Sánchez y a Ángela Merkel de irresponsables o asesinos. O vere Deus.

Porque evocamos la cancioncilla en latín cuando llega la pandemia y la sequía, cuando llega la guerra y cuando llegan las lluvias torrenciales. De estas seguiremos hablando los próximos días.

Compartir el artículo

stats